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lunes, 17 de agosto de 2026

El aplauso del hambriento: Por qué defendedemos a los mismos que nos atan de manos

 Y aquí estamos otra vez, metidos en el mismo bucle sin fin. Parece un guion repetido con mala intención. Basta mirar un poco hacia atrás en Honduras para sentir un deja vú amargo: un gobierno saliente aguantando el vendaval de un ataque mediático feroz, orquestado desde las trincheras de siempre. Las cúpulas de siempre —esa alianza no escrita entre la élite empresarial, política y religiosa— muestran los dientes porque sintieron que les tocaron el bolsillo o, peor aún, que dejaron de ser el ombligo del mundo. La paradoja es casi poética, si no fuera porque duele en el día a día: cuando un gobierno comete el «craso error» —tal como advertía Maquiavelo en El Príncipe— de intentar gobernar recostándose en el pueblo y no en los poderosos, las élites no perdonan. Maquiavelo lo dejó clarísimo hace siglos: quien se apoya en los grandes se sostiene sobre arena movediza, porque ellos siempre quieren más de lo que se les puede dar sin oprimir al resto; en cambio, el pueblo solo pide una cosa básica: que no lo opriman. Pero cuando el poder busca sintonizar con la base, los de arriba despliegan toda su artillería mediática para convencer al hambriento de que quien le ofrece un plato de comida es, en realidad, su enemigo. Ahora bien, la pregunta del millón, la que a cualquiera le saca canas verdes y revolvimiento de estómago, no es por qué los poderosos defienden sus pingües negocios. Eso es predecible, casi instintivo en la ambición humana. La verdadera incógnita, la que quita el sueño a cualquiera que tenga dos dedos de frente, es otra: ¿por qué la masa empobrecida, el ciudadano de a pie que sufre el transporte público arruinado, la canasta básica por los cielos y el hospital sin medicinas, termina haciendo fila para aplaudir a sus propios verdugos? Para entender este fenómeno sin caer en la tentación fácil de decir simplemente que «la gente es tonta», hay que meterse en los pasillos de la psicología social. Fue hasta que me topé con la Teoría de la Identidad Social, desarrollada por Henri Tajfel y John Turner en los años 70, que las piezas del rompecabezas empezaron a encajar con una claridad tan escalofriante como reveladora.

La trampa de la pertenencia: Antes muertos que solos

Tajfel y Turner no estaban pensando en la política hondureña cuando armaron su teoría, pero vaya que la describieron al detalle. Básicamente, lo que estos psicólogos demostraron es que los seres humanos no somos entes aislados que tomamos decisiones frías y calculadas en una hoja de Excel. Somos animales comunitarios. Necesitamos, con una urgencia casi biológica, sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos. La Teoría de la Identidad Social explica que nuestra autoestima se construye en gran medida a partir de los grupos a los que pertenecemos: nuestro "ingrupo" (los míos) en oposición a los "outgrupos" (los otros). Y aquí viene el nudo del asunto: cuando la vida cotidiana te niega victorias individuales —cuando el trabajo no alcanza, cuando la educación no te abrió puertas, cuando la movilidad social es un chiste de mal gusto—, la necesidad de validación se traslada completita a la identidad grupal. Si la vida no te da logros propios de los cuales sentirte orgulloso, te aferras con uñas y dientes a los triunfos, aunque sean ficticios, de tu grupo. Y si ese grupo es un partido político, una secta, un club o una bandera, la lealtad deja de ser una opción racional y se convierte en un salvavidas emocional. Ahí es donde el corrupto gana la partida antes de jugar. La necesidad de pertenecer y ser validado por la tribu es tan jodidamente poderosa que termina aplastando el sentido común. El de abajo prefiere dar por bueno el chanchullo del líder con tal de no perder su carnet simbólico de pertenencia. Aceptar que el líder de tu partido es un delincuente no es solo admitir un hecho político; para la psique de un militante, equivale a admitir que él mismo ha sido un tonto, que su tribu es una cueva de ladrones y que su propia identidad no vale nada. Y el cerebro humano hará acrobacias mentales increíbles antes de permitirse sentir semejante nivel de humillación.

El sesgo del militante: Aceptar la podredumbre por dentro, negar el grito por fuera

Esto lo vemos a diario en la calle, en los chats de WhatsApp familiares y en las mesas de café. Hablemos con la verdad: el militante de a pie no es ciego. Salvo excepciones de fanatismo extremo, la mayoría sabe perfectamente hacia dónde se van los fondos públicos. Por dentro, en el fuero interno, aceptan la verdad. Saben que el diputado por el que votaron se enriqueció de la noche a la mañana, ven las casonas, los carros del año y la impunidad descarada. Lo aceptan en silencio, con un suspiro resignado o una mueca de cinismo. Pero hacia afuera... ah, hacia afuera la historia es otra. Hacia afuera se activa la famosa "identidad de cuerpo". Es exactamente el mismo comportamiento que se observa en las estructuras policiales o militares. Dentro del cuartel o de la delegación, todos conocen al compañero que cobra la extorsión, al superior que se queda con el presupuesto del combustible o al que abusa del poder. Pero frente al juez, frente a la prensa o frente a la ciudadanía, la consigna es el silencio sepulcral y la defensa a ultranza. Romper filas es el pecado capital. El que habla es un traidor; el que denuncia es expulsado del paraíso del grupo y arrojado a la soledad. En la política partidaria pasa exactamente lo mismo. El militante niega la evidencia más descarada de corrupción no porque crea genuinamente que su líder es un santo bendito, sino para evitar que la sociedad lo catalogue a él como cómplice o miembro de una banda de criminales. Es un mecanismo de defensa psicológico: si acepto que mi partido está podrido, acepto que yo soy parte de la podredumbre. Por lo tanto, prefiero gritar que todo es un «ataque de la oposición», una «persecución política» o una «invento de los medios», antes que mirar al espejo y reconocer la realidad. La actitud crítica dentro de estos colectivos no es solo escasa: está castigada. Cuestionar al jefe es poner en riesgo la cohesión de la tribu. Y en un país donde las oportunidades son escasas, estar fuera de la tribu significa quedarse congelado en la intemperie social y económica.

El festín de las cúpulas a costa del orgullo ajeno

Mientras este drama psicológico se juega en los barrios y colonias, las cúpulas miran el espectáculo desde sus torres de cristal, frotándose las manos. Saben usar la psicología de masas mejor que cualquier académico. Conocen la vulnerabilidad del ciudadano común y la explotan sin el menor remordimiento. Para las élites —esas que han mantenido a Honduras como su finca privada durante décadas—, no hay nada más peligroso que un pueblo que piense en términos de clase o de derechos universales. Por eso, su estrategia favorita es la polarización tribal. Les conviene que la gente se defina como «rojos», «azules» o «amarillos» antes que como ciudadanos despojados de sus derechos elementales. Cuando un gobierno intenta romper esa dinámica y busca estructurar políticas públicas dirigidas verdaderamente al bienestar colectivo, el sistema entero enciende las alarmas. El poder mediático, financiado por los grandes capitales y bendecido en no pocas ocasiones desde los púlpitos, activa la máquinaria mediatica. Crean narrativas del miedo, manipulan símbolos patrios o religiosos y le dicen al poblador empobrecido: "Cuidado, que te van a quitar lo poco que tienes", cuando en realidad son ellos los que le han quitado todo durante generaciones. Y el ciudadano, atrapado en su necesidad de validación y atenazado por el miedo a la exclusión, termina marchando codo a codo con el empresario que evade impuestos, con el político que saqueó el seguro social y con el líder religioso que vende milagros y profecias a cambio de diezmos de miseria. Se da el fenómeno grotesco del oprimido protegiendo el privilegio del opresor, creyendo sinceramente que al hacerlo está defendiendo su propia dignidad.

Romper el hechizo: De la tribu a la ciudadanía. Partidarios o cómplices!

¿Hay salida a esta trampa mental? La hay, pero el camino es largo y pasa por un proceso doloroso de desaprendizaje. El primer paso es entender que la lealtad política no es una virtud cuando se convierte en complicidad. No le debemos lealtad a los colores de un partido, ni a la figura de un caudillo, ni a la marca de un grupo. La lealtad, en una democracia sana, se le debe a los hechos, a la ética y al bienestar colectivo. Necesitamos empezar a separar nuestra autoestima personal de las siglas de una organización política. El día que el ciudadano común entienda que señalar la corrupción de sus propios líderes no lo convierte en un traidor, sino en un patriota con criterio, las cúpulas perderán su arma más poderosa. El verdadero orgullo no se encuentra en ondear la bandera de quienes nos han sumido en la miseria para sentir que pertenecemos a algo. El verdadero orgullo nace cuando tenemos la valentía de decir: "Esto está mal, lo haga quien lo haga". Mientras no demos ese paso, seguiremos atrapados en el mismo círculo vicioso, viendo cómo los de arriba se reparten el pastel mientras los de abajo peleamos por las migajas, aplaudiendo con entusiasmo al mismo tipo que nos está sacando la billetera del bolsillo.

Déjenos su opinión…

MACH

17.08.26


viernes, 27 de febrero de 2015

Los Eco-Fogones

Es que de este personaje, no se puede esperar nada decente. El mismo es una indecencia, el mismo es un insulto a la honestidad y a la honradez.
No se de donde los periodistas de aquel canal , se enteraron  que el BCIE le entrego un millón de dólares a este personaje para , producir algo así de un poco mas de 9000 “estufas justas”(hasta saber el origen ,no se entiende del porque de este nombre tan raro para una estufa)para repartirlas en algunos departamentos del país, todo esto en plena campaña política donde este sujeto contendía dentro de su partido con otro candidato, que después lo señalo de haberle ganado con un “monstruoso fraude”, pero que a posterior se rindió y acepto el premio de consuelo, que ahora detenta y que por lógica requirió de unas tantas violaciones a las leyes del país.
Pues los periodistas, estos, no se conformaron con denunciar que el BCIE apalanco la campaña de este sujeto, sino que también quisieron averiguar, con quien se hizo la movida de la fabricación de las tales “estufas Justas”. En este periplo los periodistas de aquel canal dieron con el nombre de un señor Ignacio Osorto, a quien los periodistas de aquel canal, señalaron como el propietario o director de la empresa que fabrico los eco fogones (estufas justas), por lo tanto participe de una de las millonarias movidas en que esta embarrado este personaje y su familia, la que por la imposición del poder, decide la desgracia de los hondureños en la actualidad.
Informado el señor Osorto de que su nombre se asociaba a la banda de movideros que dirige este sujeto, llamo por teléfono a los periodistas, pidiendo el derecho a replica, ya que el tenia aclaraciones para hacer a la nota periodística en que su nombre fue publicado. Concedido el deseo el señor Osorto, en una extensa entrevista, aclaro un sinnúmero de cosas que dejan, una vez mas al descubierto la desvergüenza de este sujeto, al que nos referimos en este escrito.
Manifiesta el señor Osorto, que el termino eco-fogón es un termino con el que se ha dado a llamar las “estufas Justas”. Relata que la fundación que el dirige , desde hace mas de 30 años , empezó a implementar en Honduras las “estufas justas”, tecnología , que el mismo(Osorto), trajo desde Estados Unidos , en un viaje que hizo hace muchísimos años. Que desde que operan en el país, han otorgado aproximadamente 40000 “estufas justas”, a igual cantidad de hogares pobres del país.
Que el nombre de “estufas justas”, se lo dieron ellos a estos artificios, en honor a doña “Justa”, la primera hondureña en tener una estufa de estas.
Que el sujeto en cuestión, se entero de este proyecto, cuando, en el departamento de Lempira, ellos (la Fundación) fueron a dar una capacitación sobre el uso de las estufas. En esa capacitación, estaba presente la hermana de este sujeto, la del palacio supongo, y hábil como son ellos en esta familia, le llevo la idea a su hermano, el que sin más dilaciones se la robo.
Pero no solo se robo la idea, sino que se llevo hasta el nombre “estufas justas”, y de inmediato monetizo la idea para su beneficio, económico y político. Hay diferencias entre las “estufas justas” que fabrica el señor Osorto y su equipo, comparándolas con las que fabrica el sujeto este, con los dineros del BCIE y de otros. El señor Osorto, se ve que es un experto en esta tecnología y habla con propiedad de ella.
Aunque hay diferencia notable a favor de las de Osorto  en la eficiencia de las estufas, la mas notable de todas es que, las de el señor Osorto, tiene un costo de 70 dólares americanos (1500.00 lempiras aproximadamente), las que produce este sujeto cuestan 10 veces mas, o sea 700 dólares americanos(alrededor de 15000.00 cada una).
Las estufas de Osorto, se hacen en Honduras, con mano de obra hondureña, lo que genera riqueza para las mismas comunidades involucradas, las  de este sujeto, las mando a hacer a Estados Unidos, empobreciendo mas al país.
Y aquí cabe la pregunta: ¿Quién o quienes son los enemigos del país? Los que denunciamos estos actos viles y despreciables o los que los ignoran a propósito para que no se conozcan. Si quien de la forma que sea detenta la mas alta investidura en el país, comete el delito de robar propiedad intelectual, con mas razón , aquella compañía de cable ha rellenado los canales de anuncios locales, vendiendo pauta publicitaria en canales que no son de su propiedad, y a los que les modifica la señal a su conveniencia. Y que, si son amigos de este sujeto, y si el roba propiedad intelectual, por que sus amigos no.
Un hecho más, una perla más en el rosario de barbaridades del sujeto este y su familia en contra de Honduras, y de los hondureños. Ojala se haga realidad mi sueño de ver a este sujeto como el primero de esta investidura, que termine en las cárceles de Estados Unidos. Cada día esta más cerca. Y ojala un día, se termine el caldo de cultivo que es la ignorancia, y en este país se pongan las cosas en orden, empezando por meter a los delincuentes de cuello blanco, a la cárcel.
Por ahora, este solo es un acto despreciable mas………
MACH
27.02.2015

La fábrica de pobreza sigue a toda marcha y el silencio nos hace cómplices.

A veces la vida te frena en seco cuando menos te lo esperas. El otro día estaba tan tranquilo, entretenido leyendo un poco para despejar la ...