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lunes, 25 de agosto de 2025

Cosas que fueron importantes.

 

Crecí en una pequeña aldea, un lugar rural, a una distancia de unos 5 kilómetros de la ciudad más cercana, pequeña también, y a unos 25 kilómetros de la segunda ciudad más importante del país, a la qué tuve que migrar a la edad de 14 años , para trabajar de día y asistir al colegio de noche. Soy producto de una forma de educar mucho muy distinta, de la que hoy se estila. De allí que extraño que muchas cosas que antes fueron importantes, como normas de vida, para la raza humana, hoy ya no lo sean. Pretendo hacer un repaso lo más sucinto como me sea posible, de estas cosas que, moldearon varias generaciones, y que hoy , para bien o para mal, existen solo en la memoria de algunos, y como algo desconocido, desfasado y gracioso, para las actuales generaciones.
 

Empezaré hablando del respeto. El respeto era una cualidad inherente a los seres humanos. Era obligatorio saludar respetuosamente, a los padres, maestros , familiares , visitantes , padrinos y en general a toda persona con la que te cruzaras en el transcurso del día. Lo dicho por alguien de edad mayor a la nuestra, (padres , hermanos, tíos, abuelos) no debía discutirse, no se podía hacer, no estaba permitido.  Al entrar,  al salir, al sentarse a la mesa, al levantarse,  al querer intervenir en una conversación,  era obligatorio hacerlo con respeto hacia los demás.  Lo que se aprendía en la escuela era asunto privativo de los planes gubernamentales y de cómo los maestros los ponían en marcha. Ni los maestros preguntaban a los padres, cómo y qué enseñar, ni los padres tenían preocupación alguna que aquello ocurriera. Cada uno cumplía su rol, cada uno respetaba el lugar del otro. Esto es algo que dejó de ser importante. 


En mi niñez y aún en mi adolescencia,  el principio de autoridad estaba muy arraigado en la  cotidianeidad, de tal forma, unido al respeto. La autoridad era vertical, indiscutible. Quienes detentaban la autoridad eran respetados y en ningún momento ese privilegio podía ser violado. En lo familiar la primera autoridad era mi padre , seguido de mi madre,  luego hermanos mayores, tíos etc (mis abuelos fallecieron antes de alcanzar, yo, los cinco años de edad). En la escuela,  la autoridad de los maestros,  era también inviolable, aun los padres no se atrevian  a desafiarla.  En las calles los adultos estaban autorizados a ejercer autoridad suficiente como para dar órdenes que debían cumplirse, en tanto no contravinieran lo estipulado por las otras autoridades principales.  El fundamento,  era básicamente el respeto, inculcado en el hogar. Esto dejó de ser importante. 


Existia algo que se llamaba solidaridad. El mal de uno era el mal de todos, y la abundancia de unos , al igual, la de todos. Las personas se ocupaban mas de lo colectivo que de lo individual. Derivado de esto se consideraba de suma importancia, que todos , estuviéramos lo mejor que fuese posible. Permanentemente los miembros de la comunidad, estaban prestos a socorrer a cualquiera en desgracia. Un vaso de agua y un plato de comida, no se niega a nadie, decian los mayores. Y no es que la abundancia era tal que permitia ser bondadoso con lo que sobraba, no sobraba, sencillamente es que en las mentes de aquellos seres humanos, compartir lo poco o mucho que se tenia, era un privilegio. Eramos empaticos, a muy pocos interesaba mostrarse tener mas que a los demas, gentes humildes, viviendo felices con lo que tenían, aspirando a mas, pero sin sufrir por lo que no se tenia, sino mas bien alegres, por tener y disfrutar lo que bien se tenia. De alli que no habiendo esa ambición desmedida que hoy guia a las generaciones presentes, despojados del consumismo y el deseo irrefrenable por tener mas, cada dia, los niveles de delincuencia eran minimos. No tenia sentido el apropiarse de lo ajeno, si la generosidad de las personas dentro de la comuna, compensaba con creces, cualquiera cosa que alguien obtuviera de manera criminal. Los miembros de la comunidad colaboraban en todo y con todos , la mayoría de veces. Siempre habían brazos de sobra, para ayudar a reparar la casa, el cerco, la iglesia y otras cosas del vecindario. El suplir de agua a los hogares era una tarea de todos, y generalmente las carestías y los desastres eran enfrentados por todos, hechos un nudo, lo individual a un lado, lo colectivo siempre primero.


Para los menores, aprender era una obligación. No había excusa posible, para evadir la asistencia a la escuela, aun cuando asistíamos  a clases mañana y tarde , y en los ratos libres , debíamos  colaborar con las actividades de la casa. Las jóvenes ayudaban a las madres en las tareas del hogar, los jóvenes debíamos acarrear leña y colaborar con nuestro padre en las otras actividades necesarias para el buen funcionamiento. La única forma conocida para salir de la pobreza y conseguir vivir un poco mejor, era a través del estudio y el trabajo, y eso estaba muy claro. La vagancia no era bien vista, casi diría, que quienes pasaban sus días holgando, eran vistos con desprecio. En la escuela, se asignaban tareas para casa, las que eran de obligación ineludible, so pena , de una buena desempolvada de nalgas, con una regla que hacía las delicias de cualquier trasero. Los padres no hacían los deberes de los hijos, no sobornaban a los maestros, porque estos eran insobornables, y una grave falta de respeto como esta no era tolerada.


El mayor activo de las personas por aquellos tiempos era tener un nombre respetable, que fuese sinónimo de honradez, integridad, honestidad y respeto, claro está que unido esto a otro cúmulo de valores, que hacían de las personas, seres dignos de ser respetados. Los principios, valores y la educación ,se enseñaban en casa, la moral y la religión en la iglesia, las letras y el conocimiento en la escuela. Eran tres instituciones que moldeaban las generaciones , la familia, la escuela, la iglesia. Todas funcionaban al unísono, sin que ninguna incursionara en el campo ajeno, contrario a lo que hoy ocurre, donde los padres de familia y religiosos, osan decidir que si o no se enseña en las escuelas. Aunque pueda parecer que lo descrito es pura fantasia, o algun soliloquio de una mente desvelada o muriendo en la añoranza, esto funcionaba, hace unas cuantas decadas, por lo que es mas dificil entender como es que pasamos de una manera de asi vivir, a vivir como lo hacemos hoy. Y no pretendo repetir la frase aquella, “todo lo de ayer fue mejor”, que tan cansada se vuelve para la juventud nuestra, solo he querido reflexionar sobre tiempos en los que se vivia, crecia y envejecia de una forma diferente. Es menester agregar que el resultado, nada mas o menos que , nuestra sociedad actual, es la consecuencia de haber cambiado esta estructura formativa educacional, por una donde el respeto, el principio de autoridad y los roles de cada uno, se echaron de lado para sucederlos con la actual estructura, en la cual ya no es definido, quien o que se enseña a los aprendices. Sobre lo demas queda para nuestro querido lector, dejar sus opiniones, sobre si lo actual es mejor o no.


Y usted que opina…


MACH


jueves, 13 de octubre de 2016

El lenguaje de los silbidos

Fui a la escuela primaria, en una aldea donde crecí, hasta los 15 años, en que emigre a la ciudad para poder ir al colegio y cursar la secundaria. Por aquellos años en mi escuela trabajaban tres maestros, los que se distribuían los seis grados que se impartían. Eran dos caballeros y una dama. Uno de ellos llevaba los grados de quinto y sexto y a la vez fungía como director. Los otros dos maestros atendían uno el primero y segundo y la maestra el tercero y cuarto grado. De más esta decir que estos señores eran apóstoles de la enseñanza, enamorados de su trabajo, el que anteponían a cualquier otra eventualidad que en sus vidas se presentaran.

El maestro de quinto y sexto, a la vez director, tenia algunas frases que nos repitio varias veces durante los dos años que nuestra formación corrío por cuenta de el. Maestro de escuela rural, residente en una aldea, conocía muy bien la idiosincrasia de nuestro pueblo, además de conocer, merced a su profesión de los altos índices de ignorancia y analfabetismo, que desde aquellos entonces, son de los más perversos índices  con los que tenemos que cargar los hondureños. Solía decirnos, “No deis a los puercos las perlas, ni al tonto tu sabiduría”, en alusión a que los cerdos desconocen el valor de las perlas, así como el tonto desconoce el valor de la sabiduría y del saber mismo. También nos recriminaba por el hecho de silbar a las personas, “se les silba a las vacas, decía, porque ellas no saben hablar; a las personas no se les silba, se les habla, para eso tenemos un lenguaje y el uso de razón”.

Formado por este rustico y tosco maestro, conseguí por fin el ansiado diploma de finalización de la primaria, lo que me abrió las puertas de la secundaria, la que solo podía continuar en la ciudad mas cercana. En el colegio al que asistí desde el primero al tercer año de Ciclo Común , mis compañeros , citadinos en mayoría, me llamaban el “dundo”  o el “montuno” , refiriéndose probablemente de manera peyorativa a mi procedencia aldeana, de una escuela rural , del monte, decían ellos. Nunca fui avergonzado por nadie por falta de conocimientos, la formación que recibí en mi escuela incluso, sobrepaso los estándares de los conocimientos de todos mis compañeros, los que con el tiempo, tuvieron que reconocer, los hechos así lo avalaban, que el “dundo” o “montuno”, los superaba en conocimientos pese a su humilde procedencia. En aquel entonces me sentía y sigo sintiéndome orgulloso de los maestros que me formaron en la primaria, a ellos les debo el que hoy pueda escribir estas líneas para ustedes.

Luego, llego el momento de migrar a la ciudad, para estudiar el bachillerato, en la nocturna; había que trabajar en el día, para costear los estudios por la noche. Por aquellos entonces, graduarse de Maestro, de Perito Mercantil o de Bachiller en C.C.L.L., era motivo de orgullo. En aquel tiempo las componendas eran mínimas, la gente pobre como yo, veía en la educación la tabla de salvación que nos llevaría de no comer, a poder comer, y puesto que nuestros padres no eran delincuentes que nos enseñaran como conseguir dinero fácil, el único camino posible era estudiar, así de fácil. Tengo amigos que se graduaron como Peritos Mercantiles, en el famoso Debe y Haber de San Pedro Sula, que aun hoy, siendo licenciados en distintas áreas, aun siguen firmándose con el famoso “P.M.C.P”, ya que sienten que ese es su mayor logro, su mayor orgullo, el  ser profesionales que acreditan tener los  conocimientos, que sus diplomas dicen que tienen.

Hoy años después, una comparativa con lo que era aquello y lo que es hoy, no puede menos que ser causante de tristeza y desazón. Hoy en día ser Bachiller en cualquier cosa, Maestro o Perito Mercantil, apenas alcanza para una escoba en una venta de comidas rápidas, o para un puesto de operario en alguna maquila. Y no es que demeritemos estos empleos, por el contrario, sostengo que todos los empleos decentes son meritorios, pero es imposible no pensar en que después de 12 años entre escuelas primarias y secundarias, un graduado de nuestro sistema educativo, tenga o acredite únicamente las capacidades para manejar una escoba, un trapeador, o un paño para limpiar mesas. Eso es deprimente.

Y esto en lo que concierne a la formación académica, puesto que la escuela debe formar ciudadanos integralmente, eso quiere decir, moral y éticamente preparados, para su paso contributivo por la sociedad. Y en este punto recuerdo a mi maestro, “a la gente no se le silba”. Si la revolución de las redes sociales, nos ha embrutecido hasta el extremo, que estando próximos a alguien, amen de hablarle, preferimos “textearle”, con las perniciosas consecuencias que este habito tiene, no podemos negar que desde antes, los hondureños nos negábamos a hablar con las personas, preferíamos silbarles.

Así las cosas creamos y aceptamos como algo común un horrible lenguaje de silbidos. En vez de llegar a un sitio, y pedir que nos atiendan, emitimos un silbido. Cambiamos la palabra por el silbido, un sonido gutural, que no se asemeja en nada al idioma de Cervantes. Por mi trabajo, he tenido personas silbando, varios minutos, estando a 3 metros de mí, e ignorando sus sonidos, hasta que se ven obligados a hablarme. Algunos hasta me han reclamado, hombre, esta usted sordo, llevo un buen rato silbando, a lo que con toda la cortesía del mundo les he respondido, “hablo usted?” , porque yo mi amigo no entiendo el lenguaje de los silbidos, y si usted me habla , yo le entiendo y con gusto le atenderé.

Recordemos que no somos animales irracionales, por el contrario  somos animales racionales, que poseemos un lenguaje y una forma de comunicarnos, respetuosa y además bella, se llama el lenguaje castellano, a mi gusto el idioma mas hermoso de todos, tan hermoso que cuando uno escribe una palabra, ortográficamente mal, se ve tan fea, que no puede uno dejarse de dar cuenta del horror que esta cometiendo con la palabra en cuestión. Usemos nuestro lenguaje, aun y a pesar de lo mal que nos hayan educado, no permitamos que se nos destaque también, como una nación donde la gente prefiere comunicarse como los animales irracionales, con sonidos guturales. Muestre su respeto hacia los demás, hábleles, no les silbe. Tome en cuenta que “se les silba a las vacas”
MACH
13.10.2016

La fábrica de pobreza sigue a toda marcha y el silencio nos hace cómplices.

A veces la vida te frena en seco cuando menos te lo esperas. El otro día estaba tan tranquilo, entretenido leyendo un poco para despejar la ...