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miércoles, 26 de agosto de 2026

El famoso censo- cuando la paranoia de unos se convierte en la pesadilla de Juan Pueblo

 Dicen por ahí que "el pez por su boca muere", pero en la política catracha la frase aplica al suave: los humanos, en ese afán desenfrenado por sobresalir y aparentar que nos las sabemos todas, soltamos cada barbaridad por la boca de la que después terminamos siendo completitos esclavos. Prometemos villas y castillos, señalamos con el dedo, nos rasgamos las vestiduras como en obra de teatro barato y, al final, la realidad nos explota en la mera cara. ¿Se acuerdan de la cantaleta de hace un par de años? Los críticos de siempre, esa manada de zombis que solo saben repetir como loros los guiones que les mandan los de arriba —los mismos que le sacan el jugo al poder y se dan la gran vida a costillas del pueblo—, salían a la calle pegando el grito en el cielo. Decían a voz en cuello, echando espuma por la boca, que el gobierno anterior era comunista. Juraban por la Virgencita que el plan maquiavélico número uno era convertir a Honduras en una segunda Cuba, tomándose el control de los tres poderes del Estado y metiéndonos la doctrina hasta en la sopa. Pasó el tiempo, terminó ese gobierno y la famosa "amenaza cubana" jamás se materializó. Mucha bulla y pocas nueces. Ah, pero la verdadera sorpresa venía guardada bajo la manga. Lo que sí ocurrió —y nos cayó como balde de agua helada— fue lo que vimos apenas entró la nueva administración. Una maquinaria bien engrasada, fina para el mandado, empezó a mover sus piezas. Sin pena ni gloria, empezaron a desechar una por una las imputaciones de cargos por narcotráfico a todos los socios, aleros y compadres del deleznable indultado. De la noche a la mañana, los que antes tenían un pie en la cárcel terminaron limpios como una patena. Una jugada maestra del cinismo político. Pero no nos engañemos, la cosa no se detuvo ahí. En su afán de superar cualquier libreto autoritario, estos personajes no se conformaron con la idea de parecerse a Cuba; decidieron superarla con creces. ¿La nueva brillante idea? Diseñar un censo. Un supuesto censo "poblacional, social y económico" vendido con serpentinas, bombos y platillos. Y como siempre pasa en esta tierra del indio Lempira, Juan Pueblo no entiende. Y la verdad sea dicha: ¡nunca entiende! Juan Pueblo sigue cayendo en la misma trampa, sin darse cuenta de que de estos sátrapas, de la gente que está encaramada arriba comiendo con cuchara grande, jamás de los jamases va a salir algo bueno para los de abajo.

Nos lo quieren vender como la panacea, el proyecto que por fin va a sacar del estancamiento a las comunidades olvidadas. Nos dicen con cara de compungidos que necesitan recolectar datos para "focalizar el desarrollo", llevar el agua potable, pavimentar la callecita y mejorar las escuelas. Pura paja procesada. Lo que está debajo de la alfombra es algo mucho más oscuro y calculadamente mañoso. Entre los verdaderos objetivos de este juguetito censal está algo muy concreto: georreferenciar. Sí, así como lo oye. Quieren la dirección exacta, con coordenadas de satélite, de los opositores políticos. Quieren saber en qué casa duermen, qué comieron hoy, qué posesiones tienen y en qué esquina exacta están ubicados. Nada de esto es casualidad; es el mapeo detallado del enemigo interno para tenerlo agarrado del cuello al menor intento de protesta. Pero la peinada no es solo para la gente metida en política. La red es tan ancha que salpica a cualquiera. Este censo lleva dedicatoria especial para aquellos que un día, ahogados por la necesidad, la falta de empleo o una emergencia médica, tuvieron que ir a meter la cabeza a un banco a pedir un préstamo y que, por las vueltas duras que da la vida, no pudieron seguir pagando las cuotas. Se busca localizar al endeudado, al que debe la tarjeta, al que le debe a la financiera de la esquina. No nos engañemos: este censo no es para repartir la riqueza ni para ver dónde se construyen más hospitales. Es, ni más ni menos, un arma política y financiera diseñada milimétricamente para jorobar aun más a los de abajo, a los que de por sí ya llevan la carga más pesada sobre sus espaldas.

Hablemos claro y a calzón quitado : ¿Es cierto que en Cuba tienen localizado y chequeado a todito el que vive en la isla? Claro que sí, es innegable. Pero, ¡un momento! ¿Acaso no pasa exactamente lo mismo en Estados Unidos y en un montón de países desarrollados? En Norteamérica y en Europa los gobiernos saben hasta a qué hora saca usted la basura, qué compró en el supermercado con la tarjeta y dónde está parado su teléfono en este preciso segundo. Aquí es donde brinca la hipocresía descarada del discurso político. El control social y la vigilancia masiva solo son "malos" y "dictatoriales" cuando los aplican países de izquierda. Ahí sí brincan los analistas en la televisión, los periódicos sacan portadas alarmistas y los señores de saco y corbata se llevan las manos a la cabeza clamando por la libertad. Ah, pero cuando la misma vigilancia, la misma georreferenciación y el mismo control lo ejercen los grupos de derecha para su propio beneficio económico y político... ¡mágicamente la cosa cambia! En ese momento, lo que en un lado era censura y persecución, en el otro se convierte en una panacea, en modernización, en mana que cae directamente del cielo para mantener la "seguridad institucional". La doble moral a su máxima expresión: lo que en el vecino es dictadura, en mi casa es "orden y progreso".

Mientras los de arriba juegan al ajedrez geopolítico, los de abajo siguen en el mismo calvario de siempre. El censo pasa a ser una herramienta de doble filo: por un lado, le sirve a los políticos para saber a quién ir a apretar en las próximas elecciones y a quién condicionarle la bolsa solidaria o el bono; por el otro lado, le sirve al sistema financiero para caerle encima al ciudadano que apenas logra juntar para los frijoles y la masa. Es trágico ver cómo el ciudadano de a pie se deja llevar por el miedo que le meten en los medios de comunicación. Le metieron tanto pánico con el cuco del comunismo, le dijeron tanto que venían a quitarle la casita y el carro, que no se dio cuenta cuando, por la puerta trasera, la derecha recalcitrante le instaló el mismo sistema de control, pero empaquetado con cinta de regalo y discurso de libre mercado. Los sátrapas de turno cambian de color, de bandera y de eslogan, pero el método de sometimiento sigue siendo exactamente el mismo: Asustar con el fantasma ajeno para que la gente no mire los robos del presente. Amnistiar a los socios del negocio mientras las cárceles se llenan de pobres. Controlar la información del pueblo para saber exactamente dónde apretar el tornillo cuando la gente quiera protestar.

Al final del día, lo que queda al descubierto tras la cortina de humo de este censo es nuestra tremenda incapacidad como sociedad para cuestionar a los que mandan. Nos conformamos con la versión oficial, firmamos el formulario del censista con una sonrisa nerviosa y nos consolamos pensando "el que no la debe, no la teme", sin entender que en este juego político la deuda la inventan ellos y el temor nos lo aplican a todos por igual. Las necedades que dijeron en el pasado los volvieron esclavos de sus palabras, sí, pero la factura no la pagan ellos en sus mansiones con seguridad privada. La factura la paga Juan Pueblo cuando le tocan la puerta para pedirle hasta el número de DNI de la abuela, con la promesa vacía de que "ahora sí viene el cambio". El censo ya está rodando y la maquinaria no se va a detener. La pregunta que nos queda hacernos en el barrio, en la aldea y en la colonia es: ¿hasta cuándo vamos a seguir sirviendo de peones en un juego donde las reglas las ponen los de arriba para amolar a los de abajo? Porque mientras sigamos creyendo en santitos de madera, nos van a seguir contando, georreferenciando y fichando... uno por uno.

Que piensa usted de esto? 

MACH

26.08.26


martes, 3 de enero de 2017

Gobernados por psicopatas

Definir al político hondureño es una de las tareas más difíciles que un ser humano haya decidido emprender. De hecho ignoro si alguna vez algún psicólogo valiente de los nuestros o de fuera, alguna vez siquiera pensó en lanzarse a semejante aventura de la ciencia social y del perfilamiento de los sujetos.
Para el vulgo, las mayorías hondureña no cuesta definir a estos olímpicos sucedáneos de Dios, que deciden por nosotros, y que nos tienen la vida hecha un yogur de sufrimientos  y desesperanza, merced a actos “políticos “que rayan con la delincuencia, y que de hecho en mayoría son hechos criminales en contra de los mas y a favor de los menos.
En mi articulo Requisitos para cargos de elección popular , hice mención de lo que al conocer general, son los atributos de los que candidatos primero, ungidos después como autoridades, nos gobiernan, deben acreditar minimamente. Decía en aquel artículo, que la falta de un plan de gobierno, ser corrupto,  ser incapaz y no sentir ningún respeto por la ley, son los requisitos, que en Honduras garantizan casi, salir triunfador en cualquier justa electoral. Pareciera que los hondureños aun sin un análisis científico de respaldo, tuviéramos la tendencia a preferir ser gobernados por delincuentes.
Esta vez abordare este mismo tema, desde una nueva óptica, ya no la de la sabiduría popular sino mas bien desde la perspectiva científica, guardada muy bien en los textos de los grandes hombres que estudiaron y aun estudian el comportamiento de los seres humanos y de cómo esto influye en la totalidad del conglomerado social.
Un Psicópata, es un ser humano con un trastorno antisocial de la personalidad, o uno que padece de psicopatía, que es en verdad la enfermedad. El psicópata es un enfermo mental que sufre de una Psicopatía.
La principal característica de este tipo de sujetos es la imposibilidad de sentir empatía y de experimentar remordimientos ante cualquier tipo de situación que normalmente lo provocaría, por esto mismo es que interactuarán con el resto de las personas como si fuesen meros objetos que utilizan únicamente para lograr sus objetivos, generalmente bastante despreciables los mismos por cierto y en el caso que lo que hagan resulta ser el beneficio de otro es por egoísmo y para disfrutar en último término ellos del protagonismo.
 
Por otra parte, el psicópata tendrá su propio código de comportamiento, por lo tanto, solo sentirán culpa o remordimiento al transgredir el mismo y ninguna en caso de contradecir el del resto de la gente, pero, como en contraposición su comportamiento es sumamente adaptativo pasarán inadvertidos mayormente entre el común de la gente.
Dueños, además, de necesidades absolutamente atípicas, las cuales por supuesto buscarán satisfacer y aquí justamente quedarán en evidencia, porque normalmente las mismas contrarían la costumbre y hábitos del resto.
El doctor  Hervey Cleckley, renombrado psicoanalista y pionero en la investigación de la psicopatía define entre otras características clínicas de un psicópata, los siguientes:
v  Escasa fiabilidad.
v  Falsedad o falta de sinceridad.
v  Falta de remordimiento y vergüenza.
v  Egocentrismo patológico y carencia de empatía.
Por otro lado para el doctor Robert Hare, investigador sobre psicología criminal, algunos criterios que definen a un psicópata son entre otros:
v  Tendencia a mentir de forma patológica.
v  Comportamiento malicioso y manipulador.
v  Carencia de culpa o de cualquier tipo de remordimiento.
v  Afectividad frívola, con una respuesta emocional superficial.
v  Carencia de empatía. Crueldad e insensibilidad.
Ahora habiendo leído y pensado en cada uno de estos síntomas, características y o criterios, es de manera indubitable una aseveración verdadera que, estos, se encuentran en nuestros políticos hechos gobierno, en la actualidad y los anteriores.
El inquilino presidencial, ha sido “cachado” mintiendo públicamente en innumerables ocasiones, situación que nos hemos dado cuenta, no le ha causado el menor asomo de vergüenza. Su circulo cercano al igual que el, mienten de manera patológica, sin mostrar el mínimo de remordimiento cuando son confrontados con la realidad que ellos niegan. El saqueo del IHSS, SAG, INE, IMPREMA e INJUPEM, son cosas sin importancia las que tratan de manera superficial, y encuentro que hasta les divierte el saberse hacedores de este terrible daño a la hondureñidad y seguir impunes, casi me atrevo a pensar que les alimenta su personalidad psicópata y egocéntrica.
Una señora que esta siendo juzgada por haber vendido placebos al gobierno de la republica, para tratar a personas enfermas que a la postre fallecieron y/o sufrieron daños irreversibles a su salud, por recibir medicamentos que no servían para ningún propósito, cuando se presenta públicamente no muestra el mínimo de empatía, menos aun de remordimiento por las consecuencias que provocaron sus ambiciones desmedidas. Antes bien esta señora se exhibe cruel, sonriente, despojada de sensibilidad, y sin remotamente mostrar algún sentimiento de responsabilidad.
Y que se puede decir de aquellos que hace unos años nos decían que la reelección era imposible, y que ni la CSJ, ni el Congreso podían reformar aquello, que hoy día estos mismos, sin el menor asomo de vergüenza, de dignidad y de decencia, nos dicen que si se puede. Y los que calificaron en su momento al señor Hernández como un peligro para nuestro país, y que hoy se han convertido en sus defensores a ultranza. Cuando nos mintieron, ayer que lo consideraron un peligro, u hoy que lo consideran un enviado celestial con un cargamento de mana del cielo que alimentara a este desnutrido y ya sin esperanzas, pueblo hondureño.
Es imposible, no ver que si alguien tiene los rasgos psicópatas enunciados por estas dos personalidades, son nuestros gobernantes, los que se hacen llamar autoridades, quienes en sus cerebros llevan la carga de pensar, para decidir cual será nuestro futuro, como país y como personas. Son estos psicópatas que carecen de empatía y de remordimiento por todo el mal que causan, para obtener solo su beneficio propio, los que hoy de nuevo, vienen a nosotros a mentirnos desvergonzadamente, a decirnos que la realidad que vivimos no es cierta, que estamos mejor que nadie, que no hay pobreza, que no hay miseria, que no hay violencia, luto y dolor.
Nos dicen que nuestro sistema educativo ha mejorado, que ya no somos un país tercermundista, que somos la raza perfecta, el país perfecto, el paraíso terrenal. Y nosotros seguimos creyendo a estos criminales, y dándoles el poder de seguir causando daño , ahora mismo , si usted leyó este articulo, ya pudo darse cuenta , que la sintomatología que muestran estos que nos gobiernan , no es causa de risa, no debemos hacer befa de la ministra sin cartera, sino mas bien preocuparnos puesto que a la luz  de la ciencia , estamos siendo gobernados por una raza delincuencial , a quien nada les importamos , y que son incapaces de sentir nada por el mal que nos aqueja. Es a nosotros a quienes toca la decisión, o seguir gobernados por psicópatas, o recluirlos en cárceles o sanatorios mentales, y darnos un gobernante y gobierno, que clínicamente no tenga rasgos psicópatas.
Feliz 2017, si ya hemos tomado la decisión de hacer algo para cambiar nuestro futuro, de lo contrario de nada valdrán estos buenos deseos.
MACH
03.01.2017

La fábrica de pobreza sigue a toda marcha y el silencio nos hace cómplices.

A veces la vida te frena en seco cuando menos te lo esperas. El otro día estaba tan tranquilo, entretenido leyendo un poco para despejar la ...