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domingo, 6 de septiembre de 2026

La fábrica de pobreza sigue a toda marcha y el silencio nos hace cómplices.

A veces la vida te frena en seco cuando menos te lo esperas. El otro día estaba tan tranquilo, entretenido leyendo un poco para despejar la mente, cuando de pronto me interrumpió una escena que me dejó helado. Una señora venía acompañada por tres niños pequeños, de esos que apenas van descubriendo el mundo, con edades que no sobrepasaban los tres y los siete años. Se me acercó con timidez y me preguntó si no tenía algún trabajito que ella pudiera hacer, lo que fuera, a cambio de un poco de comida para sus hijos y para ella. Paré lo que estaba haciendo de inmediato. Miré a una de las pequeñitas y le pregunté directamente qué era lo que quería. Con su lenguaje atropellado y su hablar de niña consentida pero golpeada por la realidad, solo atinó a decirme una palabra que me retumbó en el pecho: “comida”. Si eso ya me había encogido el corazón, la mamá terminó de clavarme el puñal con la serenidad desgarradora de quien ya está acostumbrada a la desgracia. Me contó que en los últimos tres días apenas habían probado bocado y que vivían al borde de un río cercano, en una de esas zonas marginales donde la dignidad humana se ahoga con cada crecida. Me moví lo más rápido que pude para ofrecerles lo poco que tenía a la mano. Verlos comer no fue una escena común; comieron con un ansia voraz, con el apetito desesperado de quien no sabe cuándo volverá a masticar algo. Al no tener ningún trabajo formal o tarea que encargarle en ese momento, la señora me dio las gracias y me dijo que tenían que seguir caminando, a ver si más adelante alguien le daba una oportunidad para ganarse unos cuantos pesos e intentar asegurar la siguiente comida. No saben cómo me hubiera gustado decirle: «Quédese aquí, ya veremos cómo nos las apañamos». Pero la realidad es dura y no perdona. Sé muy bien que, dada mi situación actual, hacer una promesa así hubiese sido un disparate irresponsable. Mientras los veía alejarse a paso lento por la calle, me quedé masticando la impotencia. Empecé a pensar en el mundo tan jodido en el que vivimos y en la injusticia tan descarada que campea enfrente de nuestras narices todos los días, sin que movamos un solo dedo.

Es verdad que el problema estructural de la pobreza no se soluciona simplemente dándole de comer al que no tiene. Si nos quedamos solo en la limosna, al final lo único que logramos es redistribuir el mismo dólar que recibimos a diario para nuestras propias necesidades entre más bocas que alimentar, haciendo que los pobres terminemos siendo aún más pobres. La caridad inmediata alivia el estómago por un par de horas, pero no rompe las cadenas de la miseria. Desde mi óptica, la verdadera solución no pasa por la compasión pasajera, sino por una distribución justa de la riqueza. Una estructura donde todos tengamos, por lo menos, garantizado lo básico para vivir con dignidad: un techo seguro sobre la cabeza, alimentos suficientes en la mesa, algo de ropa limpia, acceso a medicinas cuando nos enfermamos y un entorno donde no sintamos miedo. Pero claro, cuando uno revisa las cifras del reparto global, entiende por qué estamos como estamos. Algunas estadísticas frías señalan que el 50% de los recursos del planeta están concentrados en las manos de apenas el 2% de la población humana. Y si lo analizamos con más lupa en función de la propiedad real de los recursos, la fotografía es todavía más alarmante: el 95% de la población mundial no es dueña de absolutamente nada, mientras que un minúsculo 5% es dueño de todo. Aquí hay que hacer una aclaración fundamental que a muchos les molesta escuchar: la famosa "clase media" vive quizás un poco mejor que la clase baja, tiene ciertos gustos, paga tarjetas de crédito y se toma fotos en las vacaciones, pero tampoco es dueña de nada. La clase media está compuesta sencillamente por asalariados que le trabajan al 5% que maneja los hilos del mundo. Vivimos a una o dos quincenas de distancia del abismo, pero nos consuela pensar que estamos "arriba" solo porque comemos tres veces al día.

Hablar de pobreza desde la comodidad de un escritorio o con un café en la mano es facilísimo. Pero yo tuve que vivir en carne propia la experiencia más terrible e impactante que se pueda tener para entender de verdad lo que significa la palabra miseria. Hace algunos años, por necesidades estrictamente vinculadas a mi puesto como Gerente de Operaciones de una empresa, tuve que realizar una visita técnica al botadero municipal de desechos sólidos de San Pedro Sula. Para contextualizar a quien no conozca la zona, San Pedro Sula es la ciudad más importante de Honduras, el motor industrial y comercial del país, el lugar donde se genera la mayor cantidad de riqueza... y, por ende, donde se produce una cantidad astronómica de basura. Entrar a ese lugar fue como recibir una bofetada brutal en pleno rostro. Lo que vi allí me cambió la perspectiva de la vida para siempre: familias enteras —padres, madres, ancianos y niños— recogiendo restos de comida entre los desperdicios en descomposición arrojados por otros. Y no solo la recogían para llevársela; la comían ahí mismo, en el sitio, disputándose los pedazos consumibles con perros callejeros, gatos y zopilotes que volaban bajo. El olor nauseabundo a podrido te calaba hasta los huesos, pero a esa gente parecía ya no importarle. Vi a niños pequeños agarrados de la falda sucia de sus madres, mientras ellas les metían en la boca bocados de comida rescatados del basurero. En ese preciso instante sentí una vergüenza terrible, un peso sofocante en el pecho que desde aquel día me acompaña a donde quiera que voy. Me pregunté y me sigo preguntando: ¿Cómo demonios podemos sentirnos orgullosos de pertenecer a la raza humana cuando tratamos a nuestros semejantes de una forma tan grosera, cruel e injusta? Nos llenamos la boca hablando de tecnología, de viajes al espacio, de progreso, y de amor al projimo, mientras al lado de nuestras casas hay seres humanos comiendo basura al lado de los buitres.

Para evitar mirar el problema de frente y no sentir esa punzada insoportable de vergüenza y culpa por nuestra actitud despreciable, la sociedad ha desarrollado un catálogo de excusas cobardes. Preferimos endilgarles la responsabilidad a las propias víctimas para dormir con la conciencia tranquila por las noches. Seguro que has escuchado más de una de estas frases: “Si son pobres, ¿para qué tienen hijos?”: Como si el afecto, la sexualidad o el deseo de tener una familia fueran un privilegio exclusivo de quien tiene cuenta bancaria. Además, nos olvidamos convenientemente de la falta de educación sexual y de acceso a métodos anticonceptivos en las zonas marginales. “Es que a esa gente no le gusta trabajar, son haraganes”: Claro, porque levantarse a las 4:00 a.m. a buscar latas, chatarra o comida podrida en un basurero bajo un sol abrasador no requiere esfuerzo. “Nosotros hacemos lo mejor que podemos por ellos, estamos orando”: La fe sin obras es letra muerta. Las oraciones no llenan los estómagos ni pagan las medicinas. “Los pobres siempre existirán, si hasta lo dice la Biblia”: Usar textos sagrados para justificar la indolencia social y el egoísmo es el colmo de la manipulación y la falta de moral y valores . ¡Qué sarta de estupideces! Son racionalizaciones baratas que inventamos para convencernos de que la culpa es de ellos y no de un sistema diseñado para aplastarlos.

¿Y los políticos? Ah, los políticos son los únicos que van al problema de frente... por supuesto, lo digo con todo el sarcasmo del mundo. En cada campaña electoral escuchamos los mismos slogans trillados: «Vamos a exterminar la pobreza», «Somos la solución», «Un futuro mejor para todos». Pero seamos realistas: si por algún milagro se llegara a terminar la pobreza, se les acaba el negocio a los políticos. Ya no habría necesidad de sus discursos demagógicos ni de su supuesta labor de "regular las relaciones" para lograr una sociedad más justa. La pobreza es su materia prima; necesitan la necesidad de la gente para comprar votos con bolsas de comida, láminas para el techo y promesas vacías cada cuatro años. Mientras tanto, en la otra cara de la moneda, la lógica del mercado demuestra lo perverso del modelo. En los países ricos se tiran a la basura toneladas de alimentos en perfecto estado todos los días. Alimentos que jamás se regalan a los desnutridos porque, si se hiciera, se rompería la "ilusión del precio". Los ricos y las grandes corporaciones jamás aceptarían pagar por comida si los pobres la reciben gratis. Esto me recuerda una anécdota que viví hace años. Conversando con un productor y comercializador de donas, me contaba con naturalidad que todas las donas que no se vendían en sus locales al final del día se las llevaba para dárselas de comer a las vacas. Asombrado, le pregunté si alguna vez había considerado regalar ese producto sobrante en los cinturones de miseria de San Pedro Sula, donde miles de niños se van a la cama sin cenar. Su respuesta fue fría y contundente: «Si yo regalo mi producto, ¿quién me lo va a querer comprar después?». La lógica financiera por encima de la empatía humana. Las vacas comen donas frescas mientras los niños comen basura.

Son anécdotas que viví o escuché hace muchos años, vivencias que te impactan y te obligan a meditar, pero cuando miro a mi alrededor me doy cuenta de que hoy todo sigue exactamente igual o peor. Nada ha cambiado y, si seguimos por este camino, parece que nada cambiará. La fábrica de pobreza y miseria sigue operando a máxima capacidad, sin pausas, sin mantenimiento y sin frenos. El sistema está diseñado con una regla no escrita pero implacable: para que unos pocos puedan ser obscenamente ricos, la gran mayoría tiene que ser condenadamente pobre. Es una vergüenza colectiva. No podemos seguir volteando hacia otro lado mientras la injusticia nos pasa por enfrente. No basta con conmovernos un minuto cuando alguien nos pide ayuda en la calle y luego seguir con nuestra vida como si nada. Necesitamos cuestionar las estructuras, dejar de repetir las excusas cobardes de siempre y exigir una sociedad donde el derecho a comer no sea un lujo, sino el piso mínimo para cualquier ser humano.

Y usted que opina…

MACH
06.09.2026

martes, 18 de noviembre de 2014

Es que en Honduras es así

Ninguna frase define mejor como son las cosas en este desventurado país, como esta. En Honduras lo que en otro país es imposible acá no lo es, y lo que a otros avergüenza, a los hondureños nos enorgullece.
Ayer por la tarde un periodista radial y de televisión anunciaba públicamente de la intención del gobierno actual de desaparecer la policía nacional civil, a la que pretenden convertir en una policía municipal, dejando allanado el camino a la policía pretoriana llamada Policía Militar de orden publico o PMOP un grupo armado que no responde a la ley ni al estado de derecho, sino a ciegas a los dictados del inquilino de la presidencial.
Anunciaba este periodista que este proyecto se presentaría en el congreso, a través del sempiterno títere del sistema, el diputado cuyo único merito es tener chocoyos(Al no tener que mostrar a sus fieles, se hace reconocer por los agujeritos en los cachetes), Antonio Rivera Callejas. De alguna manera, no estoy seguro si, de la radio llamaron a este sujeto o el mismo marco a la radio, pero cuando ocurrió y tuvo a disposición el micrófono, negó que se quisiera hacer nada de lo asegurado por el periodista.
Tildo la versión de falacia, mentira, abominación, anatema y no se cuanto mas, y se apoyo en que según el, Juan Hernández es el único que a tenido el valor de enfrentar a los criminales de manera contundente (habría que creer que su predecesor del mismo partido no tuvo ese valor). Hablo que la tal policía Militar es necesaria para la lucha contra la violencia. Al ser confrontado sobre los pobrísimos resultados, a pesar de lo que el llamo voluntad de luchar, este sujeto descerebrado, repitió algo que en cualquier lado del mundo avergüenza, pero que a el y el gobierno al que pertenece y defiende es motivo de orgullo.
Ningún gobierno grito casi, había extraditado a nadie. Somos los únicos, dijo que hemos extraditado y seguiremos extraditando delincuentes. El entregar a la justicia de otro país a ciudadanos hondureños, no es más que la aceptación que en Honduras no se les puede juzgar, debido a la terrible corrupción del sistema judicial del país. Es aceptar que en Honduras saldrían libres al sobornar a toda la cadena de autoridades , algo que ya han venido haciendo desde siempre ,lo cual paradójicamente los mantienen en Honduras como ciudadanos honestos que jamás tuvieron cuentas pendientes con la ley.
El que tengamos un sistema judicial y un Ministerio Publico, corrupto, servil, mandadero de la casa presidencial es un orgullo para este pernicioso hondureño. Es que en Honduras es asi.
Y el día de hoy, escuchando por allí, muy de mañana, me entero que a la esposa de Marcelo Chimirri , le revocaron ayer , un sobreseimiento definitivo por una causa, y la metieron de nuevo a la cárcel por el mismo delito , para juzgarla nuevamente. Se le acusa de lavado de activos por haberle encontrado 2 millones de lempiras en efectivo en su casa en un allanamiento que hicieron ya hace meses, dinero que ya demostró, le pertenece por la venta de un sistema de cable de su propiedad, a un conocido millonario del país dueño del sistema que pone publicidad local en los canales de cable.
Desde hace muchos años, que Marcelo Chimirri , se vio envuelto en el crimen de una joven que hallaron en una cisterna, tengo la percepción que es un bandido. Siento que esa vez se salvo de la cárcel solo por que, tenia padrinos influyentes y poderosos, que como es costumbre y como acepta el de los chocoyos, torcieron la aplicación de la justicia para dejar libre a este señor.
Así que mis simpatías para con Chimirri son poquísimas, yo diría que ninguna. Pero, sin embargo, esto no me puede cegar ante un hecho, que digo, es imposible que pase en otro lado, pero en Honduras no, acá es posible y de hecho, ya ocurrió. Las mismas leyes de Honduras, garantizan la normativa, Non bis in idem, y la definen como un derecho fundamental. Nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito.
Pero ocurrió, y no puedo menos que escribir sobre la vergüenza que esto debe producir. Insisto, el que Chimirri sea un bandido, no da pie a que se tire a la basura una garantía fundamental de un ser humano. Esta señora fue sobreseida por este caso, y ayer se le invito a llegar por los tribunales y sorpresivamente se le volvió a detener por el mismo asunto. Que horror, y hablamos de un estado de derecho. Pero es que en Honduras es asi.
Por esto desde hoy le advierto, que si usted tiene algún dinerito en efectivo debajo de la cama, gástelo, por que si llegan los de FUSINA , le van a armar un gran clavo por lavado de activos y le robaran su dinero. Y si usted es inversionista, y pensaba venir a Honduras piénselo, por que aquí las leyes dejaron de existir desde hace mucho tiempo, y los tribunales actúan al son de la música que les interpretan un grupo de delincuentes que tienen secuestrado el país. Empresarios honestos, no tienen cabida en honduras.
Queda dicho, es que en Honduras es asi.
MACH
18.11.2014

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Muy equivocado

Después de haber seguido de cerca el programa TREP con el que el Tribunal Supremo de Electoral de Honduras, garantizaba que dos horas después de finalizado el proceso electoral interno, el pueblo hondureño conocería las tendencias que darían por electos a los ungidos con la voluntad popular, para mí en lo particular ha sido una gran decepción todo lo que está ocurriendo en Tegucigalpa, en la sede del máximo organismo electoral del país.

Por primera vez en mi vida elegí confiar en las autoridades hondureñas y en lo que ellos hacen. He mantenido a lo largo de los años que en Honduras, cualquiera cosa por buena que sea, se corrompe o la corrompemos. Tenemos la predisposición los hondureños, que de inmediato a la puesta en marcha cualquier mecanismo de control, empezamos a buscar la forma de prostituirlo, de corromperlo, como si eso fuera el logro máximo.
Miles de lempiras se gastan en programas y proyectos de organismos contralores, para obtener resultados pírricos, resultados que nos siguen colocando en la percepción mundial como el país más corrupto de América, y uno de los líderes mundiales.

Esta vez se saltaron la barda, demostraron los muchachos que son capaces de todo. Se culpa al TSE, aunque a riesgo de equivocarme ellos son solo uno de los actores de este circo de corrupción. Llamadas con datos adulterados, actas totalmente reescritas, con datos distintos a los originales, números sin sentido, inflados con el único propósito a mí entender, de engañar, de hacer creer que las mayorías votaron masivamente, por uno u otro partido, o de minimizar a los emergentes.

Pero nadie habla de llegar al fondo del asunto, de deducir responsabilidad legal, a quienes proporcionaron datos falsos por teléfono, a quienes encima de un cero, marcaron un uno para convertir un 006 en un 106. Deducir responsabilidad contra aquellos que en una urna con 318 papeletas, aparecieron con 330 votos para un candidato. Y para los que están detrás de esto, para los que se benefician de la alteración de resultados. Y para ponerle la cereza al pastel, hoy ,los que antes se solazaban al ver que a otros les hacían cada triquiñuela, dicen entender, hasta hoy ,lo que se siente cuando sus derechos son pisoteados, y hasta se arrepienten de haberse puesto del lado del poder , me  supongo buscando hoy solidaridad , ante lo que ayer aplaudieron y hoy lamentan.

Y nuestro presidente, el señor Porfirio Lobo, asegura hoy en la televisión , que así cuenten todas las veces que quieran los votos uno a uno , el señor Juan Orlando Hernández, es el candidato de su partido, sentenciando que eso es cosa juzgada. Mientras en el otro partido le dieron de su propia medicina al que hoy por hoy es el perdedor, acostumbrado a, en misas negras arreglar cosas como, que en la anterior elección interna, la del 2009, quedo en la posición 21 para diputados por Cortes, lo que lo dejaba fuera de la contienda, pero sospechosamente luego apareció en la posición 20, por que el ganador de esa posición renuncio.

Lamento equivocarme, pero esta vez lo acepto con hidalguía, me equivoque, asi como nos equivocamos todos los que creíamos que por una vez podría haber una cosa decente en la política de este país. Pido que se deduzcan responsabilidades legales a los que hicieron fraude, no solo a los pequeños, sino más bien encarcelando a los grandes, a los que dan instrucciones, a los verdaderos beneficiados de esta cochinada. Mientras tanto sigamos orgullosos de ser la vergüenza mundial que somos. A la par de Honduras cualquier país, se ve mejor.

MACH
21.11.12

La fábrica de pobreza sigue a toda marcha y el silencio nos hace cómplices.

A veces la vida te frena en seco cuando menos te lo esperas. El otro día estaba tan tranquilo, entretenido leyendo un poco para despejar la ...