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sábado, 1 de agosto de 2026

El espejo de las urnas: Por qué nos encanta culpar al político y olvidar al votante

Seguro la has escuchado más de una vez. Es de esas frases que se te quedan flotando en la cabeza y, cuando por fin te detienes a masticarla, te deja un sabor amargo en la boca: «Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen».A simple vista suena dura, casi cruel. Uno tiende a rebelarse de inmediato: «¡Oye, espérate! ¿Cómo que me merezco a este corrupto, a aquel abusador o a este cinicazo que se llena los bolsillos con nuestros impuestos?». La reacción natural es hacerse el indignado. Nos encanta rasgarnos las vestiduras, insultar a los políticos en la mesa dominical, lanzarles sapos y culebras en redes sociales y tratarlos de lo peor. Y ojo, no es que no se lo tengan merecido; se ganan a pulso cada epíteto.

Pero si hacemos una pausa, nos lavamos la cara y miramos el asunto con objetividad, llegamos a una conclusión bastante más escalofriante: nos fascina atacar al síntoma para no hacernos cargo de la enfermedad. Nos descargamos con gusto contra el tirano de turno, pero pasamos de puntillas sobre los verdaderos responsables de que ese sujeto esté anclado en el palacio presidencial. Porque nos duela o no, los políticos no bajan de una nave espacial ni nacen de una mata de plátanos: salen de nuestra propia sociedad, y son colocados ahí por la suma de nuestros votos.

Suelo pensar que una jornada electoral es, en el fondo, una radiografía moral y cultural de un país. El resultado de una votación dice muchísimo más de los electores que de los elegidos. Piénsalo un segundo. Los candidatos son lo que son: promotores de promesas baratas, actores de campaña, cazadores de poder. Mienten, bailan en los mítines, prometen puentes donde ni siquiera hay ríos. Eso ya lo sabemos, no es ninguna sorpresa. Lo escalofriante no es que el demagogo venda humo; lo verdaderamente aterrador es que haya millones de personas dispuestas a comprarlo con los ojos cerrados. El votante no es una víctima inocente engañada por un truco de magia infantil. En pleno siglo XXI, con el conocimiento y la información en la palma de la mano, la ignorancia o la ingenuidad son, en el mejor de los casos, una decisión consciente; y en el peor, una negligencia cómplice. Cuando un pueblo eleva a un sátrapa a las alturas olímpicas del poder, no está ocurriendo un accidente. Ocurre una transacción. Y esa transacción refleja los valores, los miedos, las miserias o la pereza de la ciudadanía que apretó el botón o marcó la casilla.


¿Cómo es que terminamos dándole las llaves de la casa al ladrón? Hay varios caminos, y ninguno nos deja muy bien parados, aquí es donde aparecen los caminos de la complicidad electoral:

El voto por conveniencia (el "qué hay para mí"): Es el cliente que cambia su futuro y el de sus hijos por una bolsa de comida, un puesto público de tercera categoría o una promesa de favor personal. Aquí el elector sabe que el candidato es un tramposo, pero piensa: «Es un corrupto, pero es MI corrupto». El voto de aficionado de fútbol: Gente que apoya a un partido como si fuera el equipo de sus amores. No importa si el candidato robó, si tiene procesos judiciales o si arruinó la economía en su gestión anterior; lo importante es que "los míos" le ganen a "los otros". Se vota con las vísceras, sin un gramo de juicio crítico. El voto del desinterés: Aquellos que dicen "todos son iguales" y entregan su decisión al primer eslogan pegajoso o al político que mejor baila en TikTok. Votar sin investigar es como firmar un contrato a ciegas y luego quejarse porque te embargaron la casa. El sesgo de la viveza criolla: En el fondo, muchos votantes admiran en secreto la astucia del corrupto. Piensan que ser honesto es de tontos y que el político que "mueve influencias" es un listo. Elegimos a líderes que reflejan esa trampa cultural que llevamos dentro. Nos hemos vuelto expertos en el arte del victimismo, nos retratamos como víctimas perfectas. Es comodísimo poner cara de angustia, encogerse de hombros y decir: «¡Qué desgracia de gobernantes tenemos!». Nos libera de toda culpa. Nos permite sentirnos superiores, éticos e inmaculados mientras el país se desmorona. Pero la cruda realidad es que nadie llega al poder solo. A esos sátrapas no los coronó un rayo divino. Los coronó el señor de la esquina que vendió su voto, la profesional que no se molestó en leer el plan de gobierno, el joven que prefirió quedarse durmiendo la resaca el día de la elección y el fanático que justificó lo injustificable porque el candidato era de su ideología. Lloriquear después de haberlos encumbrado es, francamente, de un cinismo colosal. Es como invitar al zorro a cuidar el gallinero, irte a dormir y al día siguiente armar un escándalo porque no quedan gallinas. ¿De verdad esperabas un resultado distinto?


La democracia tiene muchos defectos, pero posee una virtud implacable: es un espejo nítido. No te muestra cómo te gustaría ser, te muestra exactamente lo que eres como sociedad. Si en el poder hay gente vulgar, inculta, rapaz y mentirosa, es porque esas conductas están toleradas, normalizadas o incluso aplaudidas en la vida cotidiana de la gente común. El político corrupto no es un alienígena; es el vecino que se cuela en la fila, el comerciante que estafa con el peso, el ciudadano que paga la mordida al policía para evitar la multa, pero con presupuesto estatal. Si de verdad queremos un cambio, tenemos que empezar por tragarnos el orgullo y reconocer nuestra cuota de responsabilidad. Mientras sigamos tratando a los candidatos como mesías y a nosotros mismos como pobres víctimas indefensas, el ciclo de la mediocridad se va a repetir una y otra vez. Es hora de madurar como ciudadanos. La próxima vez que veas a un gobernante cometiendo una barbaridad y sientas el impulso de insultarlo en la televisión o en tu teléfono, haz una pequeña pausa. Recuerda que ese personaje está ahí porque miles o millones de personas que caminan por tus mismas calles votaron por él, o porque otros miles decidieron que no valía la pena ir a votar. El poder no se regala; lo entregamos nosotros. Y hasta que no entendamos que el voto es una herramienta de alta responsabilidad y no un cheque en blanco ni una tarjeta de concurso, seguiremos atrapados en la misma historia. Dejemos de llorar por los gobernantes que tenemos y empecemos a preocuparnos por la clase de electores que somos. Al final del día, los pueblos no solo tienen los gobiernos que se merecen; tienen, sobre todo, los gobiernos que sus votantes están dispuestos a tolerar.


MACH

01.09.26


jueves, 11 de junio de 2026

¿Tiene Honduras fecha de caducidad? Entre el latrocinio de hoy y la profecía de Harari

Hace poco más de un año, en los pasillos y oficinas del organismo electoral de Honduras, se venía cocinando un fraude de proporciones monumentales. No era un secreto a voces; era una coreografía tan grotesca y gigantesca que perfectamente pudo haberse visto con claridad desde la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, ocurrió algo curioso: para los grandes paladines de la democracia global —sí, me refiero a los Estados Unidos de Norteamérica y a la Comunidad Europea— el elefante en la habitación fue completamente invisible. Miraron para otro lado con una miopía diplomática digna de campeonato. Hoy, a unos seis meses de que ese fraude se consumara por completo, el panorama es de una claridad pasmosa y dolorosa. Pasó exactamente lo que anunciaban aquellos audios que circularon masivamente y que muchos quisieron tildar de paranoias o conspiraciones. No eran inventos. Era la crónica de una estafa anunciada. Con la llegada al poder de los usurpadores, liderados por esa cúpula perjuiciosa, corrupta y profundamente dañina del Partido Nacional —una organización que parece genéticamente incapaz de alcanzar el poder por la vía democrática limpia, recurriendo siempre al juego sucio y al descaro—, el país entró en una nueva fase de su vía crucis. Desde que tomaron el control de los hilos de la nación, hemos sido testigos de dos fenómenos tan interesantes como deprimentes. Dos dinámicas que nos obligan a sentarnos a pensar qué diablos va a pasar con nosotros.

El primer acto de esta tragicomedia es el desmantelamiento express y el retorno de los trucos contables. Es un  hecho innegable de estos seis meses ha sido el inicio del desmantelamiento sistemático y el latrocinio de lo poquísimo que quedaba en pie en este territorio llamado Honduras. Da la impresión de que llegaron con prisa, como el ladrón que sabe que el dueño de la casa puede despertar en cualquier momento. Por un lado, montaron un circo de persecución contra los opositores mediante una serie de juicios políticos. Pero seamos claros: estas no son más que charadas, obras bufas, teatros de pésima calidad donde los jueces y los acusadores siguen un guion ridículo. No buscan justicia; buscan silenciar, amedrentar y asentar su poder a la fuerza. Mientras el ojo público se entretiene con el melodrama de los tribunales, con la mano izquierda empezaron a vender al mejor postor los últimos retazos de la propiedad pública. Y para rematar la jugada maestra del saqueo, estamos viviendo un descarado regreso a los fideicomisos con los bancos. ¿Por qué insistir en este mecanismo? Muy sencillo: porque es la alfombra perfecta para esconder el dinero público. El fideicomiso privatiza el manejo de los fondos estatales, volviendo invisible el rastro del dinero y blindando la información bajo el manto del secreto bancario y comercial. Así, Juan Pueblo se queda mirando la nada, sin saber cuánto entró, cuánto salió, ni a qué cuentas particulares fue a parar el fruto de sus impuestos. Es el robo institucionalizado y con sello de confidencialidad.

La maquinaria electoral que nunca duerme,el segundo acto de la tragicomedia. Esto raya en lo macabro si uno lo analiza con cabeza fría, es que desde hace ya varios meses los seudo políticos de siempre —tanto los que supuestamente ganaron como los que supuestamente perdieron— ya andan metidos en los barrios y colonias. No andan buscando soluciones para el agua, la luz o la falta de empleo que agobia a la gente hoy mismo. ¡Qué va! Andan estructurando sus grupos de apoyo para las elecciones de dentro de cuatro años. Es una escena surrealista. El país se está hundiendo, la gente está migrando a borbotones, el dinero no ajusta para la canasta básica, pero los operadores políticos ya están repartiendo promesas baratas, camisetas y bolsas de comida clorada para asegurar el voto del futuro. Y aquí es donde a cualquiera que tenga dos dedos de frente le asalta una pregunta inevitable y amarga: ¿Cuál es el futuro de un país con esta clase política? Por un lado, tenemos a los que están ahora, instalados por la fuerza y el engaño, robando a manos llenas y sin el menor rastro de vergüenza. Por el otro, tenemos a la supuesta alternativa, planificando pacientemente el camino para hacerse con el poder dentro de unos años, pero no con el objetivo de cambiar las cosas, sino con la única y exclusiva meta de llegar a hacer exactamente lo mismo que los actuales. Es un relevo de saqueadores. Una rueda de la fortuna donde lo único que cambia es el nombre del que te mete las manos en el bolsillo.

Ante este callejón que parece no tener salida, es imposible no ponerse un poco filosófico, o al menos, fatalista. Hace unos años, se volvió muy viral una entrevista del célebre historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari. Entre sus muchas proyecciones sobre el impacto de la inteligencia artificial, el cambio climático y la geopolítica global, Harari soltó una frase lapidaria que a muchos nos dejó helados: afirmó que para el año 2050, Honduras ya no existiría como país. En su momento, muchos pegaron el grito en el cielo, acusándolo de exagerado o de ignorar la resiliencia de los pueblos soberanos. Pero si nos detenemos a mirar los hechos actuales sin el sesgo del nacionalismo ciego, la pregunta se vuelve urgente: ¿Será esta una profecía que nos tocará ver cumplida en vida? Cuando Harari habla de la desaparición de un país para mediados de este siglo, no se refiere necesariamente a que vendrá un terremoto y nos tragará el mar, ni a que las fronteras geográficas serán borradas del mapa de la noche a la mañana por una invasión extranjera. El concepto es mucho más sutil y destructivo: habla de la inviabilidad estatal. Un país deja de existir cuando sus instituciones se vuelven cascarones vacíos, cuando su economía es puramente de subsistencia y remesas, y cuando el Estado pierde por completo la capacidad de garantizarle a sus ciudadanos lo más básico: seguridad, salud, educación y un proyecto de futuro. Con el ritmo de destrucción institucional que llevamos en estos últimos seis meses, acelerando el paso de lo que ya se venía haciendo mal en las últimas décadas, Honduras se encamina a convertirse en un "no-lugar". Un territorio habitado, sí, pero gobernado por mafias locales, corporaciones transnacionales sin control y élites cleptócratas que operan en la impunidad total, mientras la clase media y trabajadora termina de huir hacia el norte o se resigna a sobrevivir en la miseria. Si la única propuesta de la oposición para los próximos cuatro años es imitar el modelo de latrocinio y opacidad bancaria de los que mandan hoy, entonces la profecía de Harari no es una predicción audaz; es simplemente una deducción matemática simple. Un país no puede sostenerse en el tiempo si su única industria eficiente es la fábrica de pobres y la exportación de seres humanos.

Escribo esto no para sembrar el desánimo, sino porque maquillar la realidad a través de un blog sería complicidad. El diagnóstico es grave. Estamos atrapados entre unos usurpadores que actúan con la voracidad de quien sabe que el tiempo corre, y unos conspiradores de barrio que ya afilan los dientes para el próximo turno en el banquete del presupuesto general. El 2050 está a la vuelta de la esquina. Si seguimos permitiendo que las charadas políticas, los juicios de mentira y los fideicomisos oscuros definan las reglas del juego, la fecha de caducidad de nuestra nación estará sellada. La verdadera batalla no es dentro de cuatro años en las urnas que ellos mismos controlan y adulteran; la batalla es hoy, desnudando sus mentiras, rechazando sus dinámicas clientelares y entendiendo, de una vez por todas, que si no rescatamos lo público de las manos de esta cúpula dañina, el mapa del futuro se quedará sin el nombre de Honduras.

Y usted que piensa.

MACH
11.06.2026




jueves, 4 de junio de 2026

Río revuelto, memoria corta y los pescadores de siempre

Seguro has escuchado el viejo refrán: «A río revuelto, ganancia de pescadores». Es una frase vieja, pero en nuestra América Latina se siente más fresca y actual que nunca. El "río" lo revuelven todos los días con miedo, titulares escandalosos y discursos incendiarios; los "pescadores" son los mismos de siempre, esos apellidos ilustres que saltan de generación en generación en los puestos públicos. Son los nietos de políticos, hijos de políticos y padres de los políticos del mañana. En buen romance: vividores profesionales de la teta del Estado. Lo curioso es el libreto que usan. Si enciendes la televisión o entras a redes sociales, el guion es casi idéntico desde Tijuana hasta la Patagonia. La culpa de que las escuelas se caigan a pedazos, de que los hospitales no tengan medicinas y de que la economía esté asfixiada es, según ellos, de "la izquierda". Te pintan un monstruo de mil cabezas que llega a empobrecer países con redes de corrupción diseñadas solo para beneficiar a unas cúpulas hambrientas de poder. El problema no es que se critique a la izquierda —que cuando gobierna mal, por supuesto que merece ser cuestionada—. El verdadero chiste, si no fuera una tragedia, es la tremenda amnesia histórica que pretenden inyectarnos en las venas.

Hace poco andaba rodando por ahí el video de una eurodiputada española que llegó a México con el dedo acusador bien levantado. Sin despeinarse, acusó a la izquierda mexicana actual de ser la responsable y cómplice absoluta de las redes del narcotráfico que azotan al país. Vamos a bajarle dos rayitas a la audacia de esta señora. A la susodicha seguro se le olvidó un pequeño detalle histórico, o de plano sus asesores no le pasaron el resumen completo: en México, antes de la llegada de Andrés Manuel López Obrador en 2018, quienes gobernaron durante casi un siglo fueron los partidos de la derecha y el centro-derecha tradicional (el PRI y el PAN). ¿De verdad pretenden hacernos creer que el monstruo del narcotráfico nació de la noche a la mañana hace apenas unos años? Cualquiera con dos dedos de frente sabe que un negocio transnacional de esa magnitud, que lleva más de 50 años gestándose, no crece sin el aval, la mirada hacia el otro lado y la corrupción de quienes tuvieron las llaves de Los Pinos durante décadas. Pero es fácil cruzar el charco, pararse frente a los micrófonos y decirle a la gente que lo que han vivido con sus propios ojos no es real, que los culpables son los que acaban de llegar y que los santos eran los que estaban antes. Si el pasado te condena, invéntate un enemigo en el presente y repítelo hasta que la gente dude de su propia memoria.

Si miras hacia Centroamérica, el panorama en Honduras es un calco al carbón. Aqui la llamada "izquierda" apenas ha logrado rasguñar el poder por unos pocos años en la historia reciente. Sin embargo, si escuchas los noticieros locales, parece que ellos fundaron la pobreza, inventaron la migración masiva y rompieron las instituciones del país. ¿Y las décadas de gobiernos tradicionales? ¿Y los escándalos de corrupción que terminaron incluso con expresidentes extraditados por vínculos con el crimen organizado? De eso se habla de puntitas o se archiva rápido. La culpa de todas las desgracias actuales, según la narrativa oficial de las élites, es del gobierno de 4 años de Xiomara Castro. El río se revuelve con fuerza para que nadie logre ver el fondo del agua. 

Aquí es donde cabe hacerse la pregunta del millón: ¿Tiene la alienación propagandística la fuerza suficiente para convencer a alguien de que su realidad no es lo que vive, sino lo que le repiten en la pantalla? La respuesta corta es que sí, o al menos lo intentan con una efectividad que da miedo. Los medios de comunicación corporativos y las maquinarias digitales no trabajan gratis; obedecen fielmente al guion de la matriz mediática. Si te repiten cien veces al día que el causante de tu falta de empleo es una ideología específica, mientras el empresario que te paga una miseria financia esas mismas campañas, eventualmente la Matrix empieza a funcionar. La estrategia es perfecta en su crueldad: Saturan los canales de comunicación con miedo y desesperanza. Invisibilizan las causas estructurales de la desigualdad (las leyes hechas a medida de unos pocos, la evasión fiscal, el desmantelamiento de lo público). Crean un chivo expiatorio ideal para que la rabia de la gente se dirija hacia donde a las élites les conviene. Es un lavado de cerebro colectivo que busca que el ciudadano de a pie defienda los intereses de quienes lo oprimen. Logran que el pobre marche en la calle para defender las exenciones fiscales del millonario, bajo la falsa promesa de que "así habrá más empleo".

Al final del día, mientras nosotros nos peleamos en la sobremesa o en los comentarios de Facebook discutiendo si la culpa es de la izquierda o de la derecha, la verdadera oligarquía mueve sus piezas con una frialdad matemática. A esa derecha rancia no le importan las etiquetas, le importa mantener el status quo. Les urge mantener las cosas exactamente como están. ¿Por qué? Porque en nuestro sistema actual, lamentablemente, la pobreza de las grandes mayorías funciona como el colchón que garantiza que los ricos sigan siendo ridículamente ricos. Necesitan mano de obra barata, necesitan un pueblo con hambre para poder comprar votos con una bolsa de comida cada cuatro años, y necesitan una sociedad desinformada para que nadie se atreva a cuestionar el orden de las cosas. No se trata de defender a ciegas a ningún gobierno que se autodenomine progresista; los errores y las corrupciones de la izquierda deben señalarse con la misma fuerza. De lo que se trata es de tener memoria histórica. De no dejar que nos vengan a contar cuentos de hadas desde afuera, ni que los vividores de la política local nos vendan como salvadores a los mismos que hundieron el barco durante el último medio siglo. El río va a seguir revuelto, de eso no hay duda. La tarea de nosotros, los que leemos, pensamos y vivimos la realidad en la piel, es dejar de ser los peces que caen en la red de los mismos pescadores de siempre.

 ¿Qué opinas tú? Te leo en los comentarios.

MACH

04.06 26


martes, 26 de mayo de 2026

La insoportable levedad de la moral diplomática: El show de la OEA y el castigo a Honduras

¿Alguna vez han sentido esa mezcla de risa amarga y ganas de apagar las noticias cuando ven a un político dar discursos sobre la honestidad? Es una sensación incómoda, casi física. Te da vueltas el estómago. Eso fue exactamente lo que me pasó hace un par de días mientras navegaba por internet y me topé con una publicación de Infobae. Resulta que el embajador de los Estados Unidos ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) anda escandalizado. Sí, leyeron bien: escandalizado. Al parecer, se enteró de supuestos manejos turbios y corruptos por parte del actual secretario general de la organización. La historia que pintan parece de telenovela adolescente, pero con sacos de miles de dólares y diplomáticos de carrera: primero, el embajador va, le reclama en la cara y le mete un regaño de padre estricto. Después, ni corto ni perezoso, agarra el teléfono y, a través de un grupo de WhatsApp donde están los embajadores de los otros países miembros, empieza a armar un cabildeo. ¿El objetivo? "Adecentar" la secretaría general y armar el plan para quitar de en medio al actual mandatario de la OEA. Qué bonito suena todo en el papel, ¿verdad? El gran paladín de la justicia, preocupado por la transparencia de un organismo internacional, limpiando la casa. Pero cuando uno rasca un poquito la pintura de esa fachada de pureza, lo que queda al descubierto es una hipocresía tan grande que no cabe en todo el continente.

A mí no me sorprende que haya corrupción en los pasillos de Washington o de la OEA; a estas alturas del partido, nadie es ingenuo. Lo que me revuelve el estómago es el descaro de querer erigirse, una vez más, como los jueces morales del mundo mientras cargan con un saco lleno de decisiones nefastas que hunden a países enteros. En este caso, hablemos con nombre y apellido de la víctima favorita de este doble juego: Honduras. Es increíble cómo el país que hoy se rasga las vestiduras por unos chats de WhatsApp o por los manejos de la secretaría de la OEA, es el mismo que tiene una política exterior que parece escrita por un guionista de historias de terror. Miremos hacia atrás, pero no muy lejos, solo lo suficiente para refrescar la memoria. Hablemos de Juan Orlando Hernández (JOH). Un personaje que todo el mundo sabe cómo terminó: encontrado culpable y condenado por el propio sistema judicial de los Estados Unidos por narcotráfico a gran escala. Un tipo que convirtió a su país en un puente para exportar  toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. Pues bien, resulta casi grotesco recordar que este terrible narcotraficante, en su momento, contó con el respaldo, el oxígeno político y los indultos tácitos de la misma potencia que hoy quiere "adecentar" la OEA. Durante ocho años, el indultado por la geopolítica se metió por la fuerza en la casa presidencial de Honduras, y lo hizo con el visto bueno y el empujón de quienes hoy se dan baños de pureza. ¿Y qué pasó después de que el sistema judicial estadounidense se vio obligado a juzgarlo porque el agua ya les llegaba al cuello? ¿Cambiaron las cosas? Para nada. La receta se repitió.

Hace apenas unos seis meses, Honduras volvió a ser el escenario de una obra de teatro macabra. Mediante un fraude descarado y a la vista de todo el mundo, se impuso en el poder a un gobernante que pertenece exactamente al mismo partido político de JOH. Sí, al mismo grupo. No estamos hablando de una simple coincidencia política o de un cambio de timón democrático. Estamos hablando de que la cúpula entera de esa organización política, la cual en su momento fue señalada prácticamente como una estructura criminal organizada, sigue moviendo los hilos en nuestro pobre pais. Muchos de sus miembros tienen hoy en día casos abiertos y cuentas pendientes en los mismísimos tribunales de Honduras. No son sospechas de pasillo; son realidades judiciales. Y aquí es donde la tuerca da su giro más doloroso: mientras el embajador estadounidense se pasa el día mandando mensajitos de texto para ver cómo limpia la OEA, su gobierno avaló y permitió que se pisoteara la voluntad del pueblo hondureño. Con una mano firman el reconocimiento de un gobierno nacido del fraude y, con la otra, redactan discursos sobre los valores demócratas y la integridad institucional.

La consecuencia de esta doble moral no la sufren los diplomáticos que viven en Washington con sus sueldos exentos de impuestos y sus cenas de gala. La consecuencia la sufre la gente de a pie en los barrios de Tegucigalpa, de San Pedro Sula y de cada rincón de Honduras. Al avalar este tipo de gobiernos, lo que Washington y la OEA están haciendo, en la práctica, es condenar a Honduras a ser gobernada por una auténtica banda de delincuentes. Un grupo cuyo único y exclusivo propósito de año nuevo es terminar la tarea que dejaron a medias: repartirse los bienes públicos que no alcanzaron a robarse durante los ocho años en que JOH usó la silla presidencial como su centro de operaciones, protegido por el silencio cómplice de sus aliados del norte. Es un saqueo institucionalizado. Es ver cómo desmantelan los hospitales, cómo se roban los fondos para las escuelas y cómo privatizan lo poco que queda de valor, mientras los organismos internacionales miran para otro lado o mandan misiones de observación que no sirven para maldita la cosa. Mientras en las altas esferas internacionales se juegan batallas de egos y se mandan mensajes para salvar las apariencias, en la realidad de la calle, las decisiones de esos "paladines" significan más muerte, más pobreza, más migración forzada y más impunidad.

A fin de cuentas, lo que nos deja este panorama es una profunda lección de realismo político, de ese que duele. La OEA ha demostrado una y otra vez que no es más que un club de amigos que se usa según convenga el día de la semana. Si el secretario general de turno les estorba o ya no es útil para sus intereses, buscan cualquier excusa para "adecentar" el lugar y sacarlo por la puerta de atrás. Pero si un dictador o un partido plagado de corrupción les es útil para mantener el control en la región, no tienen ningún problema en mirar hacia un lado, validar fraudes y dejar que un país entero se hunda en la delincuencia estatal. Ya va siendo hora de que dejemos de tragarnos el cuento de que estos organismos y sus representantes actúan por el bien de la democracia. No hay valores, no hay honestidad y mucho menos hay integridad en sus acciones. Lo que hay es conveniencia fría y dura. Ojalá que el embajador guarde un poco de esa indignación que muestra en sus chats de WhatsApp y la use para mirar lo que sus políticas provocan en Centroamérica. Porque limpiarse las manos en Washington mientras dejas las huellas sucias en Honduras no es diplomacia; es, simplemente, una burla descarada a la dignidad de todo un pueblo.

¿Qué opinas sobre este doble rasero que se maneja en la diplomacia continental?


MACH

26.05.26



jueves, 14 de mayo de 2026

Porque un mundo de creyentes se hunde en la decadencia etica

 Vivimos en una paradoja global que desafía la lógica más elemental. Según las estadísticas demográficas, la gran mayoría de la población mundial se identifica con alguna forma de fe religiosa. En teoría, esto debería significar que caminamos sobre un suelo firme de valores compartidos: compasión, justicia, honestidad y respeto por la vida. Sin embargo, al encender la televisión,  abrir el periódico o navegar por las redes sociales, el paisaje es radicalmente distinto. Guerras justificadas por dogmas, conflictos territoriales bañados en retórica sagrada y, quizás lo más doloroso, una degradación sistemática de las instituciones que alguna vez consideramos los pilares de la civilización. Pareciera que estamos asistiendo a una involución deliberada, un proceso donde la política, la religión y la cultura han dejado de ser "nichos de prestigio" para convertirse en refugios de conveniencia para satrapas delincuentes. 

Hubo un tiempo —quizás idealizado, pero fundamentado en una estructura social clara— en que el acceso a la vida pública exigía un capital moral robusto. Ser político, líder religioso o referente cultural no era simplemente un empleo; era una distinción que se alcanzaba tras demostrar una vida de servicio, preparación y, sobre todo, una integridad a prueba de fuego. Los líderes eran los "crisoles" de los valores de su comunidad. Hoy, ese filtro parece haber desaparecido. Lo que antes era un honor reservado para los hombres y mujeres de mayor propósito, hoy es un botín en disputa. Es cada vez más común ver en las boletas electorales, en los púlpitos o en las direcciones culturales a personajes con pasados oscuros, sentencias judiciales a cuestas o confesiones de irregularidades que en otros tiempos habrían significado el exilio social definitivo. ¿Cómo llegamos aquí? La respuesta es tan amarga como la realidad misma, “la normalización del cinismo.” Hemos bajado tanto el listón de nuestras expectativas que la honestidad ya no se exige como requisito previo, sino que se celebra como una excepción milagrosa.

Resulta especialmente hiriente que las guerras sigan teniendo tintes religiosos en pleno siglo XXI. Si la creencia en un Dios implica reconocer una autoridad superior y un orden moral, ¿cómo se explica que el nombre de esa divinidad se use para empuñar el fusil? La religión ha sufrido una metamorfosis peligrosa: ha pasado de ser una brújula interna que guía el comportamiento individual hacia la virtud,  a ser un escudo externo que protege los intereses de grupo. Cuando la fe se politiza, deja de ser una búsqueda de lo trascendente para convertirse en una herramienta de identidad y exclusión. En este escenario, "creer en Dios" ya no significa necesariamente "ser bueno", sino pertenecer a un bando. Y en la guerra de bandos, el fin siempre justifica los medios, permitiendo que incluso los delincuentes sean vitoreados si defienden "nuestra" bandera. La política ha sufrido un destino similar. Originalmente concebida como el arte de buscar el bien común, se ha transformado en una técnica de adquisición y mantenimiento del poder a cualquier costo. La entrada de elementos criminales en la política no es un accidente de la democracia, sino un síntoma de su anemia. Cuando la sociedad civil se retrae por apatía o miedo, deja un vacío que es rápidamente llenado por aquellos que no tienen escrúpulos. Por otro lado, la cultura, que debería ser el espejo donde nos miramos para mejorar, a menudo se ha convertido en un espectáculo de lo banal o en un eco de la polarización. Ya no buscamos a los más cultos para que nos guíen; buscamos a los más ruidosos. La celebridad ha sustituido al prestigio.

La conclusión es la que más debería resonar en nuestra conciencia: la aparente indiferencia colectiva. ¿Realmente a nadie le importa que un delincuente confeso ocupe un cargo de alta responsabilidad? La realidad es que a muchos nos importa, pero estamos atrapados en un fenómeno de fatiga moral. La sobreexposición a la corrupción y al conflicto genera una especie de callo en el alma. Cuando la transgresión es la norma, la indignación se agota. Esta "congelación de los huesos" que sientes es la respuesta natural ante un sistema que parece premiar al astuto sobre el honesto, al delincuente sobre la ley.. Sin embargo, hay una distinción importante que hacer. El hecho de que los delincuentes busquen estos cargos no es lo más grave; lo verdaderamente crítico es que existan audiencias y electorados dispuestos a legitimarlos. Esto sucede cuando el ciudadano o el fiel prefiere a un "pillo de los míos" que a un "honesto del otro bando". Hemos sacrificado la ética en el altar de la ideología.

Hemos abandonado el propósito y si estamos en una involución, la única salida es una revolución de los valores básicos. No se trata de volver al pasado de manera nostálgica, sino de recuperar la exigencia de la excelencia moral. Necesitamos volver a la coherencia entre el credo y la conducta. Una fe que no produce ciudadanos más éticos es simplemente un folclore vacío. Es imperativo restaurar las consecuencias. La impunidad es el combustible de la involución. Sin mecanismos reales de rendición de cuentas, el sistema seguirá siendo un imán para los inescrupulosos. Debemos dejar de celebrar la "astucia" delictiva y empezar a premiar la integridad.

En conclusión.el mundo no se hunde por falta de dioses, sino por exceso de hipocresía. La creencia en una divinidad no es un sustituto del carácter, sino que debería ser su mayor refuerzo. Mientras sigamos permitiendo que nuestras instituciones sean ocupadas por quienes han demostrado no tener respeto por la ley ni por el prójimo, seguiremos sintiendo  ese frío en los huesos que produce nuestra realidad, día tras día. La solución empieza por romper el silencio y dejar de aceptar lo inaceptable. El prestigio no debe ser un adorno del pasado, sino una exigencia del presente. Si queremos detener esta involución, debemos volver a creer que la bondad y la capacidad no son negociables. Después de todo, el mayor pecado de nuestra era no es la falta de fe, sino la falta de vergüenza. 

Y usted que opina?

MACH

14.05.2026




lunes, 4 de mayo de 2026

El circulo vicioso de la Ignorancia y Fanatismo en la Educación Hondureña

 ​En las sociedades contemporáneas, solemos dar por sentado que la existencia de escuelas es sinónimo de progreso. Sin embargo, en el contexto de Honduras y de muchos países con modelos políticos similares, esta premisa es una falacia. Existe una correlación matemática y sociológica casi perfecta: a mayor ignorancia, mayor fanatismo. Esta no es una coincidencia desafortunada, sino el resultado de una complicidad de facto entre los pilares de la sociedad para prostituir el sistema educativo.

La Educación como Fábrica de Ignorancia

​Cuando hablamos de "escuelas para promover la ignorancia", no nos referimos necesariamente a la falta de aulas o libros, sino a la naturaleza del contenido y la metodología. Una institución educativa que no fomenta el pensamiento crítico, que premia la memorización vacía y que castiga la duda, no está educando; está domesticando.

​En Honduras, el modelo educativo parece diseñado para evitar que el individuo se reconozca como un sujeto político con derechos y capacidad de juicio. Al mantener a la población en una penumbra intelectual, se facilita la instauración de dogmas. El fanatismo —ya sea político, religioso o deportivo— necesita de la ignorancia para germinar. Sin la capacidad de analizar datos, contrastar fuentes o entender la historia, el ciudadano queda a merced de la retórica emocional y el populismo.

El Pacto de Impunidad: Gobierno, Maestros y Padres

​El desmantelamiento de la educación no es obra de un solo actor. Es una "complicidad de facto" donde cada parte ha renunciado a su rol fundamental:

El Gobierno: Utiliza la educación como una herramienta de control social. Un pueblo culto es ingobernable bajo los estándares de la corrupción. Por ello, se prefiere un sistema anémico que produzca mano de obra dócil en lugar de mentes disruptivas.

Los Maestros: Muchos han perdido su autonomía. Atrapados entre la precariedad laboral y las presiones externas, han cedido la "libertad de cátedra" a cambio de paz social. Al no defender su derecho a enseñar ciencia y pensamiento libre, se convierten en transmisores de prejuicios ajenos.

Los Padres de Familia e Iglesias: Aquí ocurre una de las usurpaciones de roles más peligrosas. Bajo el pretexto de la "protección de valores", se ha normalizado la censura. Padres y líderes religiosos intervienen en el currículo para cercenar temas científicos, sociales o biológicos que desafíen sus dogmas personales.

La Muerte de la Libertad de Cátedra

​La libertad de cátedra es el derecho del docente a investigar y transmitir el conocimiento sin miedo a represalias. En Honduras, este derecho parece haber sido canjeado por el beneplácito de los comités de padres y las cúpulas religiosas. Cuando un docente debe pedir permiso para explicar la teoría de la evolución, para hablar de derechos humanos o para analizar la historia política del país sin sesgos, la educación ha muerto. El aula deja de ser un laboratorio de ideas para convertirse en un confesionario o en una tribuna partidaria. Los docentes, al permitir que figuras ajenas a la pedagogía decidan qué y cómo se enseña, están condenando a sus alumnos a una visión del mundo estrecha y temerosa.

El Costo Social: La Condena al Fanatismo

​El resultado de este sistema es el fanatismo. El fanático no es quien cree ciegamente en algo, sino quien es incapaz de considerar que podría estar equivocado. Esta rigidez mental es el producto directo de una educación que proscribe la duda. En el caso hondureño, vemos cómo las nuevas generaciones son arrojadas a una "ignominia de fanatismo". Esto se traduce en: Polarización extrema: La incapacidad de dialogar con quien piensa distinto.​ Voto emocional: La elección de líderes basada en el carisma o el miedo, no en propuestas técnicas. ​Atraso científico y cultural: Una sociedad que mira con sospecha al conocimiento académico.

¿Hacia una Salida?

​Romper el vínculo entre ignorancia y fanatismo requiere una cirugía profunda en el tejido social. No basta con reformar los edificios escolares; hay que recuperar la dignidad del rol docente y blindar la educación contra las injerencias dogmáticas. ​La educación debe volver a ser el espacio donde se cuestiona todo, donde se aprende a pensar y no qué pensar. Mientras el gobierno siga viendo la educación como un gasto y como una amenaza al status quo, y mientras los padres sigan prefiriendo hijos obedientes antes que hijos críticos, Honduras seguirá atrapada en este ciclo pernicioso.

Y usted que opina?


MACH

04.05.26


sábado, 2 de mayo de 2026

El Círculo Vicioso de la Pobreza y el "Botín" de la Ignorancia

 Existe una verdad incómoda que resuena en las calles de Tegucigalpa, San Pedro Sula y en los rincones más olvidados del corredor seco y de todo el resto del país : en Honduras, la pobreza no es solo una falta de ingresos; es una arquitectura diseñada a través del abandono educativo. La relación entre la carencia económica y la precariedad intelectual no es accidental, es intrínseca.

Históricamente, el sistema educativo y el de salud en Honduras no han sido tratados como pilares del desarrollo humano, sino como botines políticos. Para las mafias que han orbitado el poder por décadas, una escuela sin techos o un hospital sin gasas no son tragedias, son oportunidades de negocio. Es el triunfo del clientelismo y la corrupción sobre el ciudadano.

La Anatomía del Abandono: Cifras que Duelen. Para entender la magnitud del problema, debemos mirar los indicadores más recientes. Aunque los informes oficiales de 2025 sugieren una reducción en la pobreza nacional (situándola en un 60.1% frente al 73% de años anteriores), la realidad estructural sigue siendo frágil. La pobreza extrema aún castiga al 38.3% de la población, lo que significa que casi 4 de cada 10 hondureños luchan simplemente por no morir de hambre.

Esta precariedad económica se traduce directamente en una tragedia educativa:

Deserción Escolar: Solo en 2025, más de 32,000 estudiantes abandonaron las aulas.

Exclusión: Se estima que más de un millón de niños y adolescentes se encuentran actualmente fuera del sistema educativo, vulnerables a la captación por estructuras criminales o forzados a la migración irregular.

Presupuesto Estéril: Aunque el presupuesto para Educación en 2026 se proyecta en unos 47,000 millones de lempiras, el 85% se destina exclusivamente al pago de salarios. Esto deja una inversión casi nula para infraestructura, tecnología o formación de calidad.

El Negocio de la Salud y la Educación: ¿Proveedores de Insumos o de Insultos?

El argumento central de esta crisis es la opacidad. El sistema de salud, hermano gemelo en desgracia del educativo, ha sido el escenario de "negocios oscuros" donde se pagan facturas millonarias por medicamentos que nunca llegan a los estantes de los hospitales públicos.

En salud, la inacción tiene un costo humano y económico devastador. La desnutrición infantil, que afecta al 17.5% de los niños menores de cinco años con retraso en el crecimiento, le cuesta al país aproximadamente 938 millones de dólares anuales en pérdida de productividad y costos médicos. Un niño que no se alimenta bien en sus primeros mil días de vida es un niño cuyo cerebro no se desarrollará para romper el ciclo de la pobreza.

La Educación como Botín Político ¿Por qué no mejora la educación? Porque un pueblo educado es un pueblo que exige cuentas. El sistema ha sido manejado para satisfacer el clientelismo. Las plazas docentes y administrativas a menudo se otorgan por lealtad partidaria y no por capacidad técnica.

Mientras tanto, los "proveedores eternos" —esas mafias que se mencionan con justa indignación— se aseguran de que las licitaciones sean laberintos donde el dinero público entra y los beneficios sociales desaparecen. Se compran "insumos" que resultan ser "insultos" a la dignidad del pueblo: pupitres que se deshacen en meses, kits escolares incompletos y techos que filtran la lluvia sobre el futuro de la nación.

Si Honduras desea dejar de ser el país que "siempre paga pero nunca recibe", la ruta es clara pero difícil:

Despolitizar las Secretarías: La educación y la salud deben ser gestionadas por técnicos, no por activistas.

Transparencia Radical y Real: Digitalización de cada lempira invertido en compras públicas para eliminar a los intermediarios corruptos.

Inversión en Capital Humano: No basta con pagar salarios; hay que invertir en la calidad de lo que se enseña y en la nutrición de quien aprende.

La pobreza económica en Honduras es la sombra de una pobreza educativa alimentada por la corrupción. Mientras la educación siga siendo un botín y no un derecho, seguiremos condenados a repetir nuestra historia de carencia. Es hora de dejar de financiar el insulto y empezar a invertir en el intelecto.

Todo lo dicho hiela los huesos, a algunos nos produce terror, pánico y desespero. Pero no somos la mayoría. Para esta hay cosas más importantes que la salud y la educación, se llaman política y religión. Y mientras nuestros temores se diluyen en el peligro de la desaparición de la “democracia” y la “Iglesia”por los “comunistas”, otros que no son nada de eso, nos hunden y condenan a la miseria extrema.

Y usted que piensa?

MACH

02.05.26




jueves, 16 de abril de 2026

El club de Bilderberg

Desde 1954, cuando el Hotel de Bilderberg en los Países Bajos abrió sus puertas para la primera reunión oficial, el nombre de este selecto grupo ha evocado tanto prestigio como sospecha. Con una lista de invitados que parece sacada de una novela de espionaje , presidentes, monarcas, directores de la CIA, magnates de la tecnología y jefes de bancos centrales , el Club Bilderberg se ha convertido en el epicentro de un debate fascinante: ¿es una herramienta para la paz global o el taller de un "suprapoder" oculto?

Para entender este fenómeno, debemos analizarlo bajo las dos ópticas principales que dominan el discurso público. Desde la perspectiva oficial y de quienes defienden su existencia, el Club Bilderberg no es más que un foro de discusión informal. En un mundo hiperconectado pero fragmentado, este espacio permitiría que los líderes hablen con una franqueza imposible en sus cargos públicos. Se permite usar la información recibida, pero no revelar quién dijo qué. Esto fomenta el debate honesto sin miedo a que una frase fuera de contexto cause un desplome en la bolsa o una crisis política. Oficialmente, no se firman tratados ni se votan políticas. Es, en esencia, un grupo de estudio de alto nivel donde se discuten temas como la inteligencia artificial, la transición energética o la estabilidad económica. Su objetivo original era fortalecer los lazos entre América del Norte y Europa para evitar un nuevo conflicto global. Para sus defensores, es simplemente networking geopolítico..

Por el lado del enfoque conspirativo se cree que este grupo es un  "Suprapoder" que mueve los hilos de los hechos que ocurren en todo el planeta. En este otro extremo del espectro, el secreto que rodea las reuniones es el combustible perfecto para las teorías del complot. Aquí, Bilderberg no es un club de debate, sino el comité ejecutivo de la élite global. Según los investigadores de conspiraciones y críticos del sistema, el club opera bajo una agenda de globalismo radical. Las sospechas sugieren que en esas salas se decide quién será el próximo presidente de las potencias económicas mas importantes. Se dice que figuras como Bill Clinton o Tony Blair asistieron al club justo antes de ascender al poder absoluto. Algunos sugieren que el grupo tiene la capacidad de orquestar recesiones económicas o conflictos bélicos para beneficiar a las corporaciones que representan. La teoría principal sostiene que el objetivo final es la creación de un gobierno mundial único, erosionando la soberanía de las naciones para instaurar un nuevo orden tecnocrático. El problema no es lo que hacen, sino el hecho de que lo hagan en secreto mientras representan a instituciones públicas pagadas por los ciudadanos es un argumento común entre los críticos del club.

 ¿Por qué nos fascina (y nos asusta) tanto?

La realidad del Club Bilderberg probablemente se encuentre en un punto gris. La opacidad es su mayor pecado mediático: en la era de la transparencia total, que las personas más poderosas del planeta se encierren en un hotel rodeado de seguridad militarizada sin dar conferencias de prensa es, cuanto menos, provocador. Sin embargo, hay que distinguir entre la influencia y el control absoluto. Es innegable que cuando el CEO de Microsoft cena con el jefe del FMI, las ideas que intercambian moldearán el futuro; pero de ahí a pensar que tienen un "manual de instrucciones" para el planeta hay un salto lógico que requiere pruebas que, hasta hoy, siguen siendo circunstanciales.En conclusión el Club de Bilderberg seguirá siendo un imán para la controversia mientras mantenga su política de puertas cerradas. Ya sea que lo veas como una reunión de mentes brillantes tratando de salvar el mundo, o como una mesa redonda de villanos de película, una cosa es cierta: en esas salas se respira el aire del poder real.


Y tú qué piensas? 


MACH.


miércoles, 24 de diciembre de 2025

El Emperador

 Pareciera que no es nuestro tiempo y que estamos viviendo en otro tiempo. Pareciera que socialmente hubo un retroceso y las organizaciones de nuestro tiempo fueron sustituidas por las de otro tiempo. Un día cerramos los ojos y al día siguiente despertamos bajo el yugo de un imperio. Algo así ni los escritores de ciencia ficción lo habían imaginado. Realmente desconozco si existe un precedente funcional al efecto. Por allí tuve la oportunidad de ver algo sobre gentes que caen en un socavón y vuelven a la prehistoria, pero sólo eso. Y no creo que los distópicos tampoco lo hayan imaginado. No. Parece que esto a todos nos cayó  de sopetón. Y es muy sui generis que muchos todavía no se enteran. Pero así es. El emperador del mundo occidental existe, vive y convive con nosotros en nuestro tiempo. Se trata del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, su divinidad, Donald Trump. Para quienes no conocen el alcance del poder de un emperador , de cualquier imperio antiguo, este era divino, es decir equiparaba el poder de cualquiera Dios , es más el emperador era Dios, un buen ejemplo de esto fue Caligula, emperador romano que se definía a sí mismo como un Dios viviente. Era infalible y todopoderoso, de forma tal que sus mandatos eran de cumplimiento obligatorio en todo su ámbito de poder. Quería algo y podía tomarlo sin el consentimiento de mortal alguno. Se decía que la autoridad del emperador residía en él mismo, por lo cual su autoridad era total sobre todo y todos. Y cuando lo que quería el emperador pertenecía a otro , movilizaba su ejército ya para conseguirlo por la fuerza del miedo o ya por la fuerza de las armas. Así funcionaba y parece que en nuestro presente el emperador del hemisferio occidental ha dispuesto que así funcionará durante el sea el guía y Dios del imperio.


Empezó como si nada, algunos pensaron que era una forma de gobierno distinta. Amenazó a todos los países del mundo con quien tiene comercio de imponer altísimos aranceles a sus productos si no se rendían a sus caprichos. Estas amenazas incluso le propiciaron su primer traspiés, puesto que se metió con el imperio económico  de oriente, la China, país en el que su gobierno le hizo saber al emperador que le respondería con la justa medida recíproca a sus bravuconadas. Si  pone un 120% de arancel a nuestros productos , haremos lo mismo con sus productos. Y allí paró todo. De Imperio a Imperio las cosas son de otra manera. Pero los pequeños que no tienen el poder económico chino debieron rendirse a los caprichos del emperador y de manera algo vergonzosa se vieron “negociando”, aunque no existe negociación donde uno ordena y el otro sólo tiene la opción de obedecer. Ese fue el primer acto del imperio. A seguido de este , el segundo acto tuvo lugar en cuanto ordenó a todos los que están en guerra que de inmediato cesarán en sus actitudes guerreristas, so pena de tener que vérselas con el imperio. Aquí apareció el segundo fracaso ya que uno de los en guerra , Rusia es un imperio militar aunque no económico, y los rusos ni cortos ni perezosos le cantaron las negras y las blancas dejándole claro que ellos terminaban la guerra cuando cumplieran sus objetivos y que les daba igual sus bravuconadas. Un poco triste el emperador se dedicó a apoyar a Ucrania en guerra con Rusia y a Israel para que estos hicieran el genocidio palestino.


Pero no paró allí, amenazó a México y Canadá a quienes culpó  de ser los responsables del problema de adicción a las drogas que tienen los ciudadanos que habitan la capital del imperio, léase Estados Unidos de Norteamérica. Les acusó de ser complacientes con los narcotraficantes que envían fentanilo a su imperio. Es obvio que México y Canadá son consideradas por el emperador como provincias bajo la autoridad del imperio, por lo cual les amenazó incluso con ataques dentro de sus territorios, si no complacen sus órdenes. Y luego puso sus ojos sobre Europa, y allá fue , para ordenar que debían aumentar su gasto militar a un 5% del PIB de cada uno de los países, con el propósito de comprar más naves, armas y pertrechos militares para defenderse, coincidentemente quien producirá esas armas es la capital del imperio. Únicamente España determinó que no obedeceria esa orden , lo que provocó la ira del emperador quien profirió innumerables amenazas contra ese país, o para su saber, esa otra provincia bajo su autoridad. Pero hay más, un día de estos en que el aburrimiento y el tedio lo mortificaban, el emperador tuvo la genial idea de que Canadá y Groenlandia debían dejar de ser provincias semiautónomas y convertirse en parte del imperio, ya como propiedad y no como provincias. Los canadienses dijeron indignarse y protestar y los daneses de igual forma le dejaron claro que de ninguna forma su territorio estaba en venta. Otro disgusto más para el César, mientras se preocupaba por que así como vienen sus caprichos a través de epifanias, pues tuvo una en que nadie más que el es merecedor de un premio nobel de la paz. De más está decir que este otro caprichito no se le cumplió.


Luego amenazó a Brasil porque estaban juzgando a Jair Bolsonaro, expresidente de ese país quien después de perder las elecciones quiso quedarse por la fuerza en el poder. Le quitó la visa a los magistrados que juzgaron y encontraron culpable a Bolsonaro. Luego encontró otro medio a través de algunos leales súbditos que tiene en el Congreso de Brasil los que con gusto y para complacer al César, crearon una ley a la medida para liberar al delincuente de la cárcel. Conseguido el objetivo el emperador suspendió las sanciones a los magistrados. En Argentina ensayo otro proceder. Para favorecer al impopular presidente de Argentina, Javier Milei, un sujeto que hasta se convierte un bufon para complacer al César, amenazó a los argentinos con que si no favorecían a este en las elecciones de medio término , el negaría un alivio de 20000 millones de dólares que estaba negociando para sacar a Argentina de la crisis económica endémica que padecen. De esta forma el emperador cumplió el capricho de que su bufón imperial triunfará en aquellas elecciones. Con Venezuela el proceder del emperador ha sido otro. Primero los amenazó , luego deportó a miles de venezolanos , más sanciones y cuando vio que nada de esto resultaba como él deseaba, entonces usó una estrategia distinta. Creó una estructura legal que según él no le deja tan mal parado delante de los demás, aunque eso no creo que le importe. Designó a dos organizaciones según el venezolanas, “Tren de Aragua y el Cartel de los Soles”, como organizaciones terroristas. Luego designó a Nicolás Maduro presidente de Venezuela, como el líder de al menos una de esas organizaciones, el Cartel de los Soles. Luego envió varias fuerzas de  la armada para cercar navalmente a Venezuela. Procedió a atacar cada lancha que sale de aquel país, bajo el supuesto de que transportan droga con destino a Estados Unidos, hasta la fecha han atacado y destruido 30 lanchas, matado a 105 personas, sin haber presentado prueba alguna de la supuesta droga transportada. Y más aún , ordenó un bloqueo aéreo sobre esa nación de manera que despegar o aterrizar allí se volvió peligroso. Y para finalizar hace unos cuantos días al emperador se le dio la gana de que el petróleo venezolano le pertenece, que Venezuela lo ha estado robando,  por lo cual decidió que los buques tanqueros que salgan cargados de petróleo venezolano,  serán incautados y el petróleo y barco pasará a propiedad del imperio.


Y para ponerle la tapa al pomo, en Honduras, el emperador ordenó que el aspirante Nasry Asfura, a esta hora ya ungido como presidente electo, debería ganar la elección, y que si esto no pasaba el pueblo hondureño conocería su ira. Internamente un fraude descarado y monumental se puso en marcha, algunos funcionarios fueron amenazados, otros no necesitaron ni siquiera eso, su servilismo es tal que no necesitan de alicientes para hacer lo que el imperio quiere. Los medios de comunicación, empresarios , iglesias y militares se cuadraron ante la orden, y de inmediato se llevaron a cabo todos los procesos necesarios para complacer al emperador. Paralelo a esto , el emperador indultaba al mayor capo narcotraficante de estos países, comparado por la justicia Norteamericana , con los capos mexicanos y colombianos. Ataca a Venezuela por que Maduro es un capo de la droga, mientras libera a otro. Pero recordemos que es infalible. Y por último queda por elucubrar quién o qué será el próximo objetivo. Colombia, Nicaragua, Cuba. Cuál será el próximo capricho del emperador? Al menos a mi Honduras ya le impuso un presidente electo “democráticamente” con ese estilo de democracia que el imperio reproduce. Un presidente venido de un partido político al que su propio imperio denominó como una organización criminal que copto toda la estructura del Estado hondureño para ponerlo al servicio del narcotráfico, algo muy parecido a las acusaciones que hoy el emperador hace contra Venezuela. Pero aquí se cumple aquello de que “estos son nuestros narcotraficantes” mientras que aquellos no lo son. De allí que el trato para unos no sea el mismo que para los otros. Si amigo lector , volvimos al tiempo en que el emperador era Dios, tanto así que quiere que una flota de buques de guerra lleve su nombre como denominación. Quiere inmortalizarse, aunque como Dios ya lo es. Y mientras tanto yo le deseo a todos mis compatriotas , una feliz Navidad. Que ironía...


Y a usted querido lector ,  que le parece ?


MACH


jueves, 11 de diciembre de 2025

El candidato de maletin

 En honor a la verdad debo admitir que desconozco si fue en Honduras donde se acuñó el término “partido de maletín”, pero admito que es un término que describe a la perfección un fenómeno político que ha hecho mucho daño a nuestro país y sigue haciéndolo. Esta frase se refiere a partidos políticos creados con el único propósito de meter mano a los dineros públicos mediante una estructura de mucho provecho tanto para los partidos políticos grandes como a los pequeños o partidos de maletín. La semántica de la frase  es simple, es un partido político cuya existencia, estructura y militancia caben completamente en un maletín. En ese importante recipiente están contenidos la escritura de constitución del partido, la libreta de banco y los sellos. La militancia es cero o casi , así que perfectamente encaja dentro también. No tienen una sede , un lugar físico donde validan su existencia, sólo se juntan en el año electoral y hacen la película de su participación.   En las elecciones anteriores a las del 2025, participaron 14 partidos políticos, el 98% de la participación se dividió entre 3 instituciones y el restante 2% fue a parar a los 11 partidos restantes. De estos 11 al menos 9 de ellos no consiguieron una votación suficiente ni siquiera para acreditar representación en mesas receptoras, las que andan por el orden de 17000, lo que nos obliga a preguntarnos , quienes estaban representando a estos partidos, ya que pese a “acreditar” representación , ni siquiera sus representantes les favorecieron con el voto. Y de aquí debemos investigar cual es el objetivo de que estos participen.

Los partidos políticos  grandes en membresia, hasta hace poco sólo eran 2 y en los últimos 3 procesos electorales  ya se contába con 3 , con la estructura en todo el país que los acreditará como contendientes con posibilidades de alzarse con el triunfo, y su beneficio de la existencia de los partidos de maletín estriba en unos pequeños documentos denominados credenciales. Ya dijimos que los partidos políticos en Honduras deben acreditar representación en las mesas receptoras de votos, órgano esté en el que prácticamente transcurre toda la actividad electoral , el día señalado para ejercer el sufragio. Es la Junta receptora quien administra el proceso físico de la elección, recibe al votante, verifica los requisitos de este para ejercer el sufragio y al final del día quienes realizan el conteo de los sufragios. Y a que toda esta historia. Bueno un partido cualquiera recibe del órgano electoral de alzada , el Consejo Nacional Electoral (CNE) , desde hace unos años, tantas hojas de acreditación a juntas receptoras de votos, como mesas receptoras hayan, en el argot popular y político del patio, a este papel le llamamos credenciales. Ya dijimos antes que los partidos de maletín no tienen la membresía suficiente ni siquiera para cubrir los puestos propietarios de representación , alrededor de 17000 personas y menos aún acreditan los representantes suplentes ( la ley determina que debe haber un propietario y un suplente por cada institución política). Y aquí aparece el primer negocio. Los partidos de maletín negocian las credenciales con los partidos grandes , que sí tienen membresía de sobra para acreditar en mesas , lo que genera un balance no equitativo en la correlación de fuerzas en la mesa, para ejemplarizar diremos que en una mesa electoral es posible que un partido tenga 2 o más representantes propietarios con sus respectivos suplentes , aunque legalmente sólo tienen derecho a un propietario y un suplente, y estos estén acreditados como representantes de un partido de maletín. Hay una anécdota en video de un representante acreditado por un partido de estos de maletín, Alianza Patriótica Hondureña , que cuando un reportero le pregunta que a quien representa , dio el nombre de otro partido, obviamente al partido de sus simpatías. Se dice , por que esto no puede ser comprobado que son unos cuantos millones de lempiras los que se mueven detrás del tráfico de credenciales.


Luego está el otro beneficio , no menos jugoso , para los partidos de maletín. La ley electoral en Honduras , según lo dicho en ella misma tiene la obligación de promover la democracia y la participación ciudadana. En este contexto el Estado hondureño presta auxilio económico a los partidos pequeños con el objetivo de que crezcan a través de la promoción de sus actividades, capaciten políticamente a sus membresías y sufraguen los gastos de la campaña , dándoles con esto una posibilidad real de competir frente a los mayoritarios que tienen aportantes económico a  muy fuertes. Es así como en el proceso del 2021 cada uno de estos partidillos de maletín se embolsó alrededor de 14 millones de lempiras, a cambio de en algunos casos, 3500 votos en todo el país, cantidad que es insuficiente hasta para ser un regidor corporativo en los municipios más grandes del país. De los millones recibidos , nada que decir, seguramente repartidos entre los 10 o 20 que constituyen la membresia del "partido". Es esta la razón por la que los días previos al año electoral proliferan estos maletines , yendo hacia la capital con el gran propósito de lograr una inscripción del partido , y así convertirse en la gran alternativa para los votantes que no gustan de los partidos mayoritarios, para confiarles el voto. Para el proceso del 2025 por allí de 6 o 7 partidos de maletín quedaron fuera del proceso porque ni siquiera tenían candidatos a alcaldes en la mayoría de los 298 municipios, ni candidatos a diputados en los departamentos. Esto provocó ríos de lágrimas entre los defenestrados que sin asomo de vergüenza gritaban a voz en cuello, que sin su participación , la democracia hondureña sufriría un gran perjuicio y un terrible retroceso.


Habiendo dedicado este tiempo para explicar lo más sucinto posible este asunto, me ocuparé ahora de una nueva figura en el escenario político, “el candidato de maletín”. Visible desde ya al menos 3 procesos electorales este nuevo personaje se identifica con facilidad por que no tiene un partido político, sino que llegado el momento electoral , este tipo de candidatos inician un periplo por los partidos políticos ya de maletín o no , ofreciéndose como el líder que los llevará a las alturas. Es famoso un participante de este proceso 2025 por haber participado con otras formaciones políticas distintas en otros procesos, incluso en dos ocasiones promovió la creación de 2 partidos políticos que luego al sentir que sus opciones no eran satisfactorios emigró hacia otros proyectos políticos, dejando tirada la membresía, poca, pero cuantificable, y convirtiendo a aquellos dos en organizaciones todavía más fantasmales que lo que eran cuando él estuvo por allí. Así las cosas , en el proceso de este año , un partido grande estreno candidato de maletín y dos partidos de maletín , también tuvieron sendos candidatos de igual oficio. Para que se vea que en Honduras todo es posible, y que si para tracalear , algo no existe , nosotros lo inventamos. En mi humilde opinión la folclórica figura del candidato de maletín, complementa a la del partido de maletín y llegó para quedarse.


Y usted qué opina.


MACH


martes, 9 de diciembre de 2025

Una historia tres veces contada.

 Y aquí estamos de nuevo. Pareciera un deja vu. Ya lo vivimos y no hace mucho de eso. Apenas han pasado unos cuantos años y volvimos al lugar y momento en la línea de tiempo , en la que estuvimos en el 2013 y el 2017. Con algunas pequeñísimas diferencias , pero una simetría que parece calcada. Un aficionado al arte escénico  diría que se trata de la misma obra con diferentes actores y adaptada a un tiempo distinto. Apenas estábamos por salir del horrible y corrupto gobierno escogido por  las caras conocidas promotores y benefactores del execrable golpe de estado del 2009, cuando empezamos a vivir la pesadilla del 2013 . Y no digo que sea execrable por quien fue depuesto sino porque amén de ser un acto ilegal , fue una demostración en las que los poderes fácticos y sus títeres nos dejaron claro que para defender su estatus y régimen de privilegios , están dispuestos a lo que sea, al final del cuento unos cuantos muertos de hambre menos que ofrenden su vida por mantener la “democracia” , bien vale la pena.


Y llegado el proceso interno eleccionario del 2013, asistimos a la primera probadita de lo que se venía. Sin el menor asomo de vergüenza , dentro del Partido Nacional se gestaba y hacía realidad un fraude monumental en contra de Ricardo Álvarez, orquestado por quien a la sazón se convirtió en el ungido de las repugnantes clases poderosas de mi pobre país. El posterior proceso general sólo fue un acto más en la obra bufa que son las elecciones estilo Honduras. Si trasladamos nuestra imaginación a Broadway, la Meca del arte escénico, en aquel momento debimos anunciar la puesta en escena de la primera entrega de la grotesca  obra “El Fraude, Los votos rurales, 1.0”, de la cual la historia no aprendida nos tenía preparado, al menos un par de entregas más. Con las caras visibles del golpe de estado aglutinadas químicamente con enlaces covalentes entre sí, con los medios de comunicación corporativos y fácticos listos para la alienación necesaria, asistimos a las mil y una justificación, desde el anticomunismo en boca de los desvelados aún admiradores de Pinochet, los politólogos y analistas que saben de todo y opinan de todo, hasta llegar quizás a los más despreciables, los religiosos, miembros de la cúpula de un cristianismo que tiene más sabor a demonismo que a otra cosa, estos que tienen línea directa con Dios y que son capaces de vender hasta su madre con tal de no perder sus privilegios. Si creyera que existe el infierno , apostaría todo lo que tengo a que estos lacras se pasarían alli por toda la eternidad, aunque no se que caso haría ya que el daño que estos hijos de meretrices le han hecho a aquellos a los que el Cristo vino a consolar no se reparará con eso. Y les creímos porque somos la especie que cree que el sufrimiento es fundamental para la felicidad y que si está raza de satrapas nos somete a toda la pobreza y la expoliacion de lo que por derecho es de todos, es porque ellos son portadores del designio divino mediante el cual nuestro Dios vuelca su ira contra nosotros por nuestro mal comportamiento, como si aún no tuviéramos suficiente castigo con la desgracia de no pertenecer a las clases de sucedáneos de la divinidad los que todos los días son bendecidos con abundancia de bienes materiales. Toda autoridad es impuesta por Dios , nos dijeron y agachamos la cabeza , una vez más.


Alguna vez llegué a pensar que no volveríamos a tropezar con la misma piedra, más no fue así. En el 2017, los mismos, las mismas caras, los mismos sinvergüenzas, aparecieron nuevamente para darnos la segunda parte de la obra “El Fraude, Los votos rurales 2.0”. Por increíble que suene, los mismos argumentos , algunos actores nuevos, pero en esencia lo mismo. Los sucedáneos de Dios en nuestra desgraciada Honduras, llamándonos a aceptar nuevamente un fraude monumental, con la misma justificación del anterior fraude. Algunos se rebelaron contra la barbarie, la mayoría despojada de identidad de clase, se volvió en contra de los rebeldes y apoyo sin vergüenza a los mismos que le empobrecen para después pedirles que voten por ellos, en apoyo a aquellos por los que siempre debe de buscar lo más barato para saciar el hambre, robar energía y darle a sus hijos las pastillas que receta el dueño de la pulpería, porque no ajusta para pagar un médico. Dicho por la señora Harriet Beecher Stower, en su inclita obra la Cabaña del tio Tom, “ a menudo el esclavo al ser liberado se vuelve un peor esclavista contra su misma raza”, cuanta razón tiene. No hay nada peor que un pobre que se cree que no lo es. Pero los hondureños somos distintos, así nos lo han hecho creer, y en verdad que habría que rendirse ante la evidencia, tenemos la capacidad de negarnos ante la realidad aún cuando veamos las evidencias frente a nuestra cara. Si que somos distintos. Los mismos que por casi 50 años de supuesta vida democrática nos han mentido , saqueado y empobrecido, los mismos aparecen como los salvadores y volvemos a creer en ellos. Somos únicos , no cabe duda. Y bueno, volvimos a nuestros quehaceres diarios , aceptando que la raza maldita que maneja los hilos del poder en nuestro país, está allí porque Dios así lo quiere, y eso no lo podemos cambiar, no podemos ir contra la sapiencia divina. Al fin que para eso creemos en Dios , para poder descargar en él , todo aquello que no podemos o no queremos solucionar por nuestro propio esfuerzo. Sólo imploramos que algún el sufrimiento día termine.


Y transcurrió el tiempo, en el 2021 las cosas fueron distintas , no hubo fraude y llegamos a pensar que Dios había escuchado nuestras súplicas y que por fin en su infinita benevolencia nos libraría de la horda de leprosos expertos en fraudes y no respetar la voluntad de los votantes. Pero es que al pobre la dicha le dura poco. Llegamos a este momento en el que escribo. Diciembre de 2025 y el regreso de la maldición. No desaparecieron, estaban agazapados esperando su oportunidad. Creímos que Dios nos había liberado de esta plaga, pero no fue así. Una vez más no nos escuchó, o si lo hizo , al pesar en la balanza nuestros actos recientes encontró que nuestro comportamiento no aceptable requiere de una nueva reprimenda , más castigo , si , así es y aquí estamos. Desde hace casi un año se puso en marcha la puesta en escena de “El Fraude, los votos rurales 3.0 Recargado”. Los mismos de los anteriores estrenos, con la misma historia, y obviamente el mismo público estúpido, ese somos nosotros. Construyeron un entramado con caminatas controladas por la Confraternidad Evangélica un club de poderosos apóstatas vividores de la fe unidos con la Iglesia Católica y  auspiciados por las personas más despreciables de este universo de miseria. Este fue el primer paso de la construcción de un monumental fraude otra vez. Luego dentro del organismo que dirige los procesos eleccionarios uno de los consejeros hizo público audios donde la trama del fraude quedó al descubierto. Los representantes de Dios guardaron  silencio, mientras los perros de garra del sistema con los micrófonos enfrenté desacreditaban la credibilidad y autenticidad de aquellos. Según los audios el fraude estaba dirigido a que el candidato de maletín “Salvador Nasralla” fuese el ungido, habida cuenta que se veía imposible que el partido ligado a los fraudes anteriores y al saqueo sistemático de los fondos públicos por 12 años, pudiese capitalizar votos suficientes para poder derrotar a la candidata oficialista que lideraba las encuestas. Pero una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace y en política y criminalidad esto es más cierto. En Honduras político y delincuente es lo mismo, por lo tanto entre ellos no hay códigos de honor. Mientras Nasralla sentía que por fin alcanzaría el capricho de ser presidente, sabiéndose favorecido por el fraude en marcha y contando según él , con la bendición del COHEP, los sacerdotes y pastores sinvergüenzas y la venia de la gusanera anticubana en Miami, ya saboreaba y repartía el pastel al que le iba a hincar diente. Pero los designios divinos eran otros. Los astros no favorecen a Salvador Nasralla, sino a su empequeñecido contrincante Nasry Asfura. La heroína de todo este tinglado, llamada cariñosamente “cosito” , en uno de aquellos audios deslizaba como quien no quiere la cosa,que la meta era anunciar que el ganador era Nasralla y luego sostener aquella patraña, con el apoyo de la matriz mediática preparada al efecto. Pero ay, el pobre Salvita se pegó un batacazo que seguro hasta hoy le sigue doliendo todo. Tres días antes del día en que según Salvita ocurriría el evento por el cual sería elevado a la dignidad de presidente electo, el emperador Donald Trump, nos aclaró para donde correría el agua. Tildó a Nasralla de comunista, desleal y traidor, a Rixi Moncada de comunista, menos pecado que Salvador y sentenció que si uno de estos dos resultara electo, el gobierno estadounidense sancionaría todo lo que tenga que ver con Honduras. De un solo Salvita vio la realidad. Su reunión acompañada con un grupo de serviles y traidores, con la gusanera en Miami, había sido una burla. Solo un pequeño acto para el acabado final de la operación para desviar la atención hacia otro lado.


Los medios de comunicación y el COHEP se alinearon de inmediato, no conocen otro proceder, si los green-go expelen una flatulencia, a disfrutar se a dicho. Ocupados los medios en difundir la campaña de extorsión , terror y engaño, apenas dieron cobertura a las lágrimas y pujidos de Salvita. Más importante era difundir que si no ganaba “papi”, el Nerón moderno, emperador de Estados Unidos de Norteamérica no dejaría que los inmigrantes enviaran remesas a sus familiares en Honduras. Aquí la puñalada final, que sería de nosotros sin los dolarucos para los estrenos y las cervezas. Eso no papá, con eso no se juega. Fue suficiente para alterar el equilibrio. Quien dijo que no se debe intervenir e influir elecciones en países ajenos al propio. Al emperador y al imperio nada les está negado. Y aquí otra enseñanza , es tan impopular el Partido Nacional, que aún con el apalancamiento de Trump y la extorsión, aún así necesitaron el fraude. Para bendición nuestra ya aparecieron los malparidos , crápulas de la Confraternidad a decirnos que todo está bien, que ya cumplimos con ir a votar y que ahora hay que dejar a otros que nos digan quien es el ungido. No hay nada que hacer, la democracia lo vale, somos personas de paz que hemos aceptado cargar con la cruz de estos re-maldecidos, que solo debemos aceptar y pedir a Dios que nunca nos libere de estos parásitos solo comparables con las plagas de Egipto y aún mucho peor. Por los vientos que soplan todo quedará así. Y creo que es justo, ciudadanos que no son capaces de defender sus derechos, no deben tenerlos, deben perderlos. Y no debemos llorar como mujeres lo que no defendemos como hombres. Encuentro aquí dos conclusiones básicas y excluyentes mutuamente. La primera, somos tan imbéciles que votamos por los ladrones, criminales que hicieron de este país un infierno por 12 años, o la segunda es que el fraude fue más grande que los anteriores lo cual rebasa hasta mi propio entendimiento, cada vez son más descarados. Lo que queda totalmente claro es que nos volvieron a ver la cara y es que eso es lo consecuente con una sociedad ignorante y analfabeta por elección. Por allí leí hace no mucho tiempo , en una red social , el comentario de un imbécil que se quejaba porque en las escuelas se enseña la explicación del himno nacional, apoyado por un montón más , como él, que creen que esa es una brillante idea. Estos son nuestros ciudadanos , despojados de identidad y a los cuales todo les da igual mientras pueden comer de las migajas que caen de la mesa en que se sientan los dioses del olimpo hondureño a decidir por nuestras vidas. Al final todo será negociado y de repente el 24 de diciembre próximo nos dan la buena noticia que tenemos un presidente cuyo fundamento es la organización criminal más grande de centroamérica. Y mientras tanto no debemos perder la esperanza de que un día nuestro cerebro vuelva a funcionar y pongamos un alto a todo esto. Aunque no creo que los miembros del olimpo me lean, igualmente recomendare que se lean “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens, para que vean lo que les ocurre a quienes sojuzgan a los pueblos creyendo que siempre seguirán aguantando y que nunca se rebelarán. La revolución francesa es un excelente ejemplo.


Espero su opinión.


MACH


sábado, 22 de noviembre de 2025

El esclavismo una vergüenza aún hoy

 


Esta vez he querido escribir sobre dos obras literarias de un peso profundo , que tocan nuestras   fibras más sensibles  como seres humanos racionales, merced a la temática a la que se refieren y aunque siendo un poco distintas en el abordaje, no lo son tanto en la descripcion de los hechos , la esclavitud. Los seres humanos a través de la historia hemos cometido innumerables actos barbáricos que son sin duda inhumanos e irracionales, contrastando con la descripción que nosotros mismos hemos acuñado para definirnos, seres humanos y racionales. De formas muy variadas los humanos siempre encontramos justificaciones para tales actos, mas propios de bestias sin raciocinio que de seres pensantes, justificaciones que de buena gana han sido aceptadas socialmente de forma de minimizar lo vergonzoso y asqueroso de aquellas acciones con el consuelo de que o era necesario o eran otros tiempos. Se valida lo actuado sin que se reivindique a los perjudicados. Aún hoy en pleno siglo XXI, si nos acercamos a las pantallas de la caja estúpida, nos daremos cuenta que se siguen cometiendo exterminios humanos por asuntos de raza, religión, poder y economía. El esclavismo no a desaparecido , sólo se ha dado un baño de pureza y sigue apareciendo meridianamente en nuestra realidad actual. Pero al igual que en los años 1800 , los humanos , cristianos, judíos, musulmanes, induistas y budistas, miramos con disimulo hacia otro lado. Las novelas en cuestión son :“La Cabaña del tío Tom" (1852) de Harriet Beecher Stowe, que en mi opinión  es una obra fundamental no solo por su impacto político , ya que se le atribuye haber exacerbado el fervor abolicionista en el Norte de Estados Unidos y ser motivo de la guerra civil , sino por la crudeza con la que expone la hipocresía moral de la sociedad estadounidense de su tiempo. La segunda novela de la que quiero hablar es “Raíces: La saga de una familia americana" de Alex Haley, publicada en 1976, la que no es meramente una novela histórica, más bien  es, ante todo, un acto de fe. Es la creencia ciega  de un escritor afroamericano en la posibilidad de rastrear y reconstruir su ascendencia hasta el origen primero, devolviendo el nombre y el contexto a aquellos que la historia oficial condenó al anonimato y al olvido.

Habiendo hecho está pequeña introducción creo que es justo empezar. Harriet Stowe crea un universo no ficcional donde los personajes van, desde el bondadoso Tío Tom, la gentil Eliza y la  virtuosa y piadosa Evangeline, hasta el cruel Simon Legree, quienes  ilustran un amplio espectro de la barbarie y la caridad humanas actuando juntas o por lo menos muy cerca una de otra. Hay diversos personajes a los que el lector deberá ir compadeciendo , amando e incluso odiando a algunos de ellos (Marie St Clare).  La novela está  enfocada en la terrible desigualdad de trato si bien algunos "amos" ,como los Shelby o Augustine St. Clare, podían ser menos violentos, sin embargo muy poco ayudaba a los esclavos ya que  el sistema mismo permitía y legitimaba la crueldad absoluta de otros. Es conmovedor asistir a la desgracia que significaba para un esclavo la muerte de su amo que le trataba con menor crueldad, para luego ser vendido a otro que le maltrata sólo por el hecho de proceder de un lugar con mejores tratos. En las plantaciones del Sur donde el terror y la degradación eran la norma con personajes  como Legree la crueldad narrada en la historia llega a su clímax y es el lugar donde el personaje principal, el tío Tom recibe los peores castigos y ultrajes con el único propósito de doblegar su espíritu y hacerle como la mayoría de esclavos que se volvían enemigos de sus pares, de sus vecinos de infortunio. El mensaje es claro, la maldad del sistema no dependía solo de los individuos, sino de la licencia que el marco legal y social otorgaba a la barbarie y la tiranía.

Sin embargo, en mi opinión , el elemento más penetrante de esta  novela, es que intencionalmente o no, pone el dedo en  la perversidad de  la instrumentalización de la fe y la religión como aliada del sometimiento y la humillación. La autora , siendo hija y esposa de clérigos blancos, define la fe cristiana como el eje moral del Tío Tom. Tom es el arquetipo del esclavo cristiano, paciente, sufriente, bondadoso y dispuesto a acatar cualquier sufrimiento , aun hasta el martirio sin renegar de su fe en el Cristo. No cree  en la rebelión, sino en la promesa de una vida mejor en el más allá, está esperanza es lo que lo lleva a aceptar con humildad los horrores y sufrimientos que le infringe su amo, hasta que al final lo mata de una golpiza. Podríamos pensar por un lado que,  la fe de Tom es un faro de humanidad y moralidad superior frente a la podredumbre ética de sus esclavistas , que también se decían cristianos. Otro enfoque que me parece crítico es que la sumisión de Tom se convierte en la justificación ideal para no rebelarse  y la aceptación de su destino por parte de él y  de  todos los  oprimidos. La novela pone el dedo en el discurso muy difundido que los desposeídos no sólo deben cargar su cruz terrenal con resignación y sin quejarse , sino que Dios así lo quiere para probar su fe y asegurar su recompensa celestial. Esta teología de la pasividad es la herramienta perfecta del opresor, del tirano,  que encuentra en el Evangelio malinterpretado y acomodado  un método para apaciguar el espíritu de rebelion. La  novela revela de manera sutil diría yo, sin casi advertir el señalamiento , cómo la piedad religiosa puede ser pervertida en un mecanismo de control mental, alentando al esclavo, al desposeído y menos favorecido ,  a aceptar la desigualdad como designio divino en lugar de luchar por la justicia terrenal. Es un reclamo silencioso, pero fuerte, por la complicidad de muchas iglesias y sus líderes  que predican el sometimiento en vida a cambio de la gloria eterna en otra vida.



Por otro lado ,en  "Raíces” Alex Haley narra su propósito personal, de  encontrar a su antepasado africano, Kunta Kinte. El inicio está dedicado al nacimiento, juventud, y captura de Kunta en Gambia su país de origen , hasta el cuál llegan una noche los traficantes de negros a llevarse por la fuerza los mejores ejemplares, para venderlos como  esclavos, y lo arrancan del seno familiar. Muy parecida a una obra sobre antropología, Haley  no describe a un esclavo, sino a un ser libre, orgulloso, inmerso en una cultura rica y llena de hermosos  rituales. Su captura, como la de todos los que sufren el mismo destino, se convierte en una catástrofe personal que los lectores experimentamos  con brutal cercanía. El viaje transatlántico  y la llegada a la América colonial del siglo XVIII son pasajes de horror que Haley narra sin caer en  sensacionalismos. Allí vemos a  Kunta Kinte al ser despojado de su nombre, de su idioma y de su dignidad , un trauma existencial  de millones de afroamericanos y sus descendientes. Hombres que vienen de ser totalmente libres y que de repente se encuentran en jaulas, en paupérrimas condiciones y sometidos a tratos deshumanizantes. Una ruptura total con todo lo que fue su vida, mundo y universo. La resistencia silenciosa de Kunta Kinte ,  sus constantes intentos  de escape y la negativa a aceptar la identidad impuesta son los hilos que tejen su carácter y lo convierten en un héroe trágico. Comparte el mismo destino de nuestro Tío Tom, aunque la forma de enfrentarlo es diametralmente opuesta. No es relevante en esta obra la cuestión  económica o política del sistema, "Raíces" es otra cosa, es una narración más centrada en un enfoque íntimo, familiar  y generacional. Conocemos  a Kunta a través de sus descendientes, Kizzy, Chicken George, Tom, y otros, que al igual que el son esclavos, los hijos de esclavos eran esclavos , aún aquellos que producto de las violaciones de los amos , nacían de negras esclavas, mulatas o cuarteronas. Para Kunta mantener su tradición y el recuerdo de su aldea es imperativo. Crea una  cadena ininterrumpida de memoria, para transmitir de generación en generación, el famoso "La-da-a-da" que Kunta intentaba enseñarles, sin duda un detalle muy conmovedor. Vemos  una familia luchando por mantener su identidad a través de un siglo de cruel opresión. Raíces es un tributo a la resiliencia del espíritu humano, a la capacidad de preservar la memoria cultural incluso cuando los dueños de aquellos cuerpos y almas  intentasen por todos los medios  aniquilar sistemáticamente tales recuerdos. Cuando, finalmente, Alex Haley llega a la aldea de Juffure, y el historiador oral, el Griot, recita el linaje que coincide con la historia de su familia, la novela se convierte en un documental emocionante. Raíces consigue convertir una historia vergonzosa como el tráfico de esclavos , en una historia humana , capaz de inquietar hasta las más profundas fibras de un ser racional. Es el fin de un largo camino.

Como siempre espero que esto sea del agrado de los lectores, si es así o no, siempre estoy abierto a sus comentarios , críticas y sugerencias. Anticipadamente gracias por leer esta pequeña narración.


MACH


El espejo de las urnas: Por qué nos encanta culpar al político y olvidar al votante

Seguro la has escuchado más de una vez. Es de esas frases que se te quedan flotando en la cabeza y, cuando por fin te detienes a masticarla,...